Área de Equipamientos Urbanos
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De las obras realizadas por el hombre, seguramente serán las de arquitectura las que tienen una mayor perduración. El de la arquitectura, o mejor dicho de la
materia arquitectónica, pertenece más al dominio del tiempo geológico que a ningún otro. A lo largo de la historia, esa vocación de permanencia se ha dado
con mucha más insistencia en la arquitectura pública. Es por ello que los tiempos, contingentes propios de las instituciones que la promueven en la actualidad
-las legislaturas políticas, los períodos presupuestarios, los plazos de la propia obra-, quedan difuminados por una duración que tiene que ver sobre todo con
la naturaleza de los materiales y la memoria colectiva.
Nuestros edificaciones deben sobrevivirnos. Hay demasiado esfuerzo en su construcción para que no sea
así. Alteramos la naturaleza de los materiales para hacerlos más resistentes, se entablan entre ellos
inusitadas relaciones de cooperación, de aislamiento, de monolitismo. Decía Mies Van der Rohe: "Hay
cosas que no tienen que durar toda una vida. Este traje, por ejemplo... Pero un edificio debería vivir tanto
como fuera posible. No hay razón para hacerlo provisional. ¡En ese caso, se debería construir una tienda!".
Es un deber de las instituciones el hacer que sus obras sean productos cultos y perdurables. En ese
sentido, los edificios que surgen de la colaboración entre la Comunidad de Madrid y sus Ayuntamientos
tienen esa voluntad. Al hacer la recesión de los realizado en los últimos años y, sobre todo, ante el
hipnótico atractivo del papel couché, aparece la tentación de la autocomplacencia. Una mínima lucidez nos
hace ver que no hay lugar para ella. El resultado de lo que se hace en este campo es fruto de continuos pactos con la "realidad", está pulido por muchos
rozamientos, engastado de errores y magullado por pequeños fracasos.
Los edificios que hacemos llegar a los pequeños municipios se implantan en ellos con la extrañeza del emigrante,
porque tal vez son más serios, menos complacientes que otros, pero se asientan en el lugar con austeridad y falta
de guiños fáciles y acaban convenciendo con su integridad y coherencia. Aquí entramos en una cuestión siempre
pendiente, que es la falta de una cultura arquitectónica que es especialmente intensa en el medio rural debido a
que, después de perderse las formas constructivas de la autoconstrucción, se ha producido un vacío de criterios
en el que una tecnología primaria se ha acompañado con demasiada frecuencia de tipologías inadecuadas y
lenguajes de un populismo acrítico.
Las actuaciones que aquí se recogen más que un balance quieren ser un indicio, el comienzo de un camino en el
que queda mucho por hacer, por perfeccionar, un camino que debe buscar cada vez menos la urgencia que la
calidad, siendo conscientes que estos edificios no solamente albergan usos, seguramente cambiantes, sino que entran a formar una parte fundamental de la
configuración urbana y del patrimonio colectivo.
Por último, hay que hacer mención del entusiasmo con que los autores de estos proyectos han trabajado. Especialmente a todos los que dentro de la
Administración, venciendo los tópicos de la actividad funcionaria, se han entregado sin regatear esfuerzos a la consecución del buen fin previsto, arquitectos,
aparejadores, administrativos, delineantes y auxiliares técnicos, quiero agradecer el esfuerzo desinteresado.
Proyectos ejecutados
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