Área de Zonas Verdes
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Si alguna característica representa el conjunto de actuaciones en zonas verdes y espacios urbanos de estos años, esta es la diversidad. Diversidad, que es
una consecuencia directa primera de la gran variedad del soporte físico de la Comunidad de Madrid, con fisiografía, vegetación y litología muy diferentes, y
que influyen y determinan unas condiciones iniciales de proyecto muy particulares para las distintas localizaciones de zonas verdes y parques en el ámbito
madrileño.
Pero a esta circunstancia general habría que añadir otras de situación particular de cada espacio concreto que se
añaden a la anterior y que incrementan esta diversidad. Así, por ejemplo, la superficie de las actuaciones oscilan
entre los 600 m2 de la Zona Verde en la Parroquia de San Ildefonso en Collado Mediano o los 743 m2 del
acondicionamiento de la Plaza de la Iglesia en Anchuelo, a los 78.120 m2 del Parque Prado de la Casa en
Humanes, por poner una muestra de gran superficie. Otro aspecto añadido usual que actúa en este mismo sentido
es el diseño del proyecto, con un conjunto de unidades de obra realmente muy variado y que reflejan los
requerimientos y necesidades del municipio y de la gente que lo va a utilizar: caminos de zahorra o con mezcla
de diferentes áridos; pavimentos diversos, como hormigones impresos o adoquines prefabricados; zonas
estanciales en terrizos o en otros firmes; praderas, áreas de juegos infantiles y un largo etcétera que convierten
normalmente cada parque o zona verde en un mosaico diverso y polifuncional.
Un segundo aspecto a considerar y que en realidad se ha convertido en un principio rector de este proceso es
que cada actuación concreta debe realizarse con un máximo respeto hacia el ecosistema donde se ubica; y al
decor ecosistema no nos referimos únicamente al conjunto de biocenosis vegetales relevantes, sino a todos
aquellos elementos que puedan ser singulares, ya sean topográficos, constructivos, puntuales o de índole similar.
En estos ecosistemas valiosos se ha actuado por adaptación a lo ya existente, respetando los valores que tengan
y mejorándolos si fuera posible. En aquellos espacios agrícolas o urbanos desprovistos de vegetación y de otros
valores se han introducido especias nuevas, aunque siempre relacionadas con la potencialidad de la zona.
En definitiva, se ha procurado minimizar el impacto ambiental
negativo en sus diversos componentes, vegetación, suelos,
paisaje, etc., e incluso reconvertirlo en impacto positivo. Se ha intentado conseguir que el espacio verde
sea un elemento integrador con el paisaje de la zona y no de contraste.
Un objetivo que ha sido buscado insistentemente es la recuperación del árbol como elemento
estructurados de parques y jardines. La necesidade es evidente dada la elevada insolación de muchas
zonas de la Comunidad de Madrid; además, en una situación ambiental crítica como la actual, el árbol
aporta su contribución a la limpieza de la atmósfera urbana, por fijación de polvo y materiales residuales,
por depuración bacteriana, por la función clorofílico y por fijación de gases tóxicos, además de actuar
como regulador termohigrométrico. Recuperando el arbolado prosperarán bajo su amparo otra serie de especies y usos. |