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LA POLÍTICA DE LA UNIÓN EUROPEA SOBRE EL DESARROLLO SOSTENIBLE

INTRODUCCIÓN

Establecer una definición de "desarrollo sostenible" es una tarea compleja, debido a la amplitud y diversidad de los temas que abarca. Uno de los mejores puntos de referencia es la Comisión mundial para el desarrollo del medio ambiente, conocida como "Comisión Brundtland", que definió, en 1987, el desarrollo sostenible como "aquél que satisface las necesidades actuales sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades".

El Consejo Europeo de Helsinki de diciembre de 1999 invitó a la Comisión Europea a "elaborar una propuesta de estrategia a largo plazo que integre políticas de desarrollo sostenible desde el punto de vista económico, social y ecológico", que tendría que presentarse al Consejo Europeo de Lisboa en junio de 2001. Este Consejo definió así un nuevo objetivo estratégico para la Unión: "convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico sostenible con más y mejor empleo y una mayor cohesión social". En el posterior Consejo de Estocolmo, celebrado bajo Presidencia sueca en 2001, se decidió que la estrategia de la Unión Europea para un desarrollo sostenible debía completar este compromiso político y basarse en él, incluyendo una dimensión medioambiental. De esta manera, se reconoció que el crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente deben ir unidas indisolublemente.

DESAFÍOS DEL DESARROLLO SOSTENIBLE

Son numerosas las amenazas al desarrollo sostenible que existen en la actualidad. Para combatirlas de una manera más eficaz, se han identificado los seis mayores desafíos para el desarrollo sostenible en Europa. Para cada uno de ellos se han previsto unos objetivos principales, así como unas medidas a escala comunitaria. Estos desafíos están expuestos en la Comunicación de la Comisión "Desarrollo sostenible en Europa para un mundo mejor: Estrategia de la Unión Europea para un desarrollo sostenible"(COM(2001)264 final, de 15 de mayo de 2001).

Luchar contra la pobreza y la exclusión social

La Unión Europea tiene previsto adoptar medidas que tengan un impacto decisivo en la erradicación de la pobreza y la exclusión social, sobre todo a través de la reducción del número de personas sin formación y a través del aumento de la tasa de empleo. La igualdad entre hombres y mujeres en el mundo laboral y la atención a los niños y a las demás personas a cargo es otro de los principales objetivos de la Unión en este campo.

Tratar las implicaciones económicas y sociales del envejecimiento de la población

El aumento de la esperanza de vida en Europa, unido a una baja tasa de natalidad, ha provocado que el envejecimiento de la población sea uno de los factores que más influyan a la hora de elaborar una estrategia de desarrollo sostenible. De esta forma, garantizar la adecuación de los regímenes de pensiones, de atención sanitaria y de atención a las personas mayores se ha convertido en uno de los objetivos clave. Por otra parte, el empleo no es sólo una preocupación para los jóvenes europeos: también para los hombres y mujeres entre 55 y 64 años el trabajo continúa siendo una parte muy importante de sus vidas. Teniendo esto en cuenta, la Unión se ha propuesto incrementar hasta el 50% la tasa media de empleo de la Unión Europea de la población comprendida entre estas edades, para el 2010.

Limitar el cambio climático e incrementar el uso de energías limpias

El compromiso por parte de la Unión Europea de cumplir los acuerdos del Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático ha supuesto un avance importante en este campo. Sin embargo, aún quedan muchas metas por alcanzar: la Unión Europea debería perseguir, partiendo del compromiso de Kyoto, el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en una media del 1% anual sobre los niveles de emisión existentes en 1990, de aquí al año 2020. Además, debe insistir en que los demás países industrializados cumplan los objetivos que decidieron en Kyoto. Las principales medidas a escala comunitaria a adoptar en este área son: la eliminación progresiva de las subvenciones a la producción y al consumo de combustibles fósiles antes de 2010, la adopción de la Directiva sobre fiscalidad de los productos energéticos prevista para 2002 y, además, los combustibles alternativos, incluidos los biocombustibles, deberían representar al menos un 7% del consumo de combustibles de coches y camiones en 2010.

Responder a las amenazas a la salud pública

La fiebre aftosa, la enfermedad de las "vacas locas" o la polémica de los alimentos transgénicos son sólo algunos de los temas de salud pública que han preocupado a los ciudadanos europeos durante los últimos años. Mejorar la información y sensibilización de los consumidores es uno de los principales objetivos de la UE y para ello es necesario un etiquetado más claro de los alimentos, entre otras iniciativas, entre las que está también la Autoridad Alimentaria Europea, de reciente creación. En esta línea de actuación, la intención de la Comisión Europea es la de reorientar las ayudas de la Política Agrícola Común (PAC) para recompensar prácticas y productos sanos y de alta calidad, en lugar de recompensar la cantidad.

Las dioxinas, las toxinas y los plaguicidas serán controlados más estrechamente, para evaluar su repercusión en la alimentación y el medio ambiente y, especialmente, su efecto en los niños. A corto plazo, en el 2004, se pondrá en marcha toda la legislación necesaria para aplicar la nueva política de productos químicos y, en el 2005, se desarrollará una nueva capacidad europea en materia de seguimiento y control del brote de enfermedades infecciosas.

Una gestión más responsable de los recursos naturales

Un desafío de gran envergadura: la Unión Europea se ha fijado como meta la desvinculación del crecimiento económico, el uso de recursos y la producción de residuos. Con esta intención se han proyectado las revisiones de la Política Agrícola Común y de la Política Pesquera Común. Con la primera, se busca una mejora de las medidas agroambientales para que proporcionen un sistema transparente de pagos directos por servicios medioambientales, mientras que los objetivos de la segunda son eliminar las subvenciones contraproducentes que fomenten la sobrepesca y reducir la dimensión y la actividad de las flotas pesqueras comunitarias a un nivel compatible con la sostenibilidad a escala mundial. Estas revisiones, sin embargo, todavía necesitan muchas matizaciones, ya que las propuestas del Comisario europeo de Agricultura y Pesca han recibido el rechazo frontal de Estados como Francia, Portugal y España que se sienten perjudicados por las reformas propuestas.

Además, 2003 se presenta como un año de gran actividad en este campo. Entre otras iniciativas, la Comisión creará un sistema sobre indicadores de biodiversidad, y hará operativo un sistema de medida de la productividad de los recursos.

Mejorar el sistema de transportes y la ordenación territorial

El alarmante aumento del parque automovilístico en Europa no ha pasado desapercibido para la Comisión Europea. Como medida para combatirlo, esta Institución pretende conseguir una transferencia en el uso del transporte de carretera al ferrocarril, al transporte navegable y al transporte público de pasajeros, de tal forma que la cuota del transporte por carretera en 2010 no sea superior a la de 1998 (año más reciente del que se dispone de datos). Además, se dará preferencia a las inversiones en infraestructura para transporte público y ferrocarril, navegación interior, transporte marítimo de corta distancia y operaciones intermodales.

En cuanto a la ordenación territorial, se tratará de fomentar un desarrollo regional más equilibrado, reduciendo las disparidades en la actividad económica y manteniendo la viabilidad de las comunidades rurales y urbanas. El ámbito local también es protagonista, ya que la Comisión habla en la Comunicación de "fomentar las iniciativas locales para resolver los problemas de las zonas urbanas".

LA CUMBRE MUNDIAL SOBRE EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Antecedentes: de Río a Johannesburgo

Diez años antes de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que tuvo lugar en Johannesburgo del 26 de agosto al 4 de septiembre de 2002, se celebró la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. Aquella reunión constituyó un acontecimiento sin precedentes, a la que asistieron 108 Jefes de Estado y de Gobierno.

Bajo el nombre oficial de "Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medioambiente y el Desarrollo", en la ciudad brasileña se debatió por primera vez sobre el desarrollo sostenible a escala global. La consecuencia más significativa de esta Cumbre fue la elaboración y ratificación de la conocida Agenda 21, un ambicioso Plan de Acción Global sobre el desarrollo sostenible. Este documento ofrecía una visión a largo plazo para conseguir el equilibrio entre las necesidades económicas y sociales y la capacidad de la Tierra de generar recursos naturales. La iniciativa fue acogida con entusiasmo, por lo novedoso de la misma, y por las metas que se había marcado: Gobiernos, ONG y otros representantes de la sociedad civil unieron sus fuerzas para aplicar este plan de la manera más eficaz posible.

Sin embargo, el análisis del progreso realizado en esta década arroja más sombras que luces: a pesar de que se han hecho algunos progresos reales y palpables, diez años después muchas de las acciones acordadas todavía no se han puesto en marcha. El tránsito hacia un mundo más sostenible es más lento de lo que se pensaba y en muchos aspectos económicos, sociales y medioambientales, la situación es peor que hace una década.

Desde la Comisión Europea se analizó este lento progreso en la ejecución de la Agenda 21 y se llegó a dos conclusiones: En primer lugar, los insostenibles modelos de consumo y producción del mundo desarrollado no han cambiado. En segundo lugar, los recursos financieros necesarios para la ejecución de estas iniciativas son insuficientes. Como ejemplo, la Ayuda Oficial al Desarrollo que los países desarrollados prestan a las naciones en vías de desarrollo ha descendido de un 0,35% en 1992 hasta el 0,22% del PIB en 2000. Muy lejos queda, por tanto, el objetivo del 0,7%, tantas veces repetido en el pasado.

A pesar de ello, se pueden enumerar algunos logros importantes conseguidos en el tiempo transcurrido entre Río y Johannesburgo. La Agenda 21 tuvo una buena acogida entre un gran número de entidades locales y nacionales: más de 6.000 ciudades han elaborado su propia Agenda 21 Local, que guiará sus actuaciones a medio y largo plazo. En el marco de esta iniciativa, destaca la Campaña Europea de Ciudades Sostenibles (http://www.sustainable-cities.org), red constituida por autoridades locales y regionales de toda Europa, contando con 1650 municipios y ciudades en 2002, y cuyo objetivo es el de impulsar y apoyar el trabajo de las autoridades locales a favor de la sostenibilidad a través de, fundamentalmente, la implantación de la Agenda 21 Local.

Por otro lado, a lo largo de esta década se han celebrado importantes Conferencias de alcance global, en las que se ha avanzado en multitud de áreas relacionadas con el desarrollo sostenible, por ejemplo: la Conferencia sobre Población y Desarrollo de 1994, la Cumbre Social de 1995, la Conferencia sobre la Mujer de 1996 o la Conferencia Habitat II de 1996.

Desarrollo de la Cumbre de Johannesburgo

La organización de la Cumbre corrió a cargo de la Comisión sobre Desarrollo Sostenible de la ONU, que condujo las cuatro reuniones preparatorias en 2001 y 2002. Se preparó un intenso programa de trabajo, con numerosas sesiones plenarias, y con la participación prevista de ONG, representantes de los 191 países participantes y de organizaciones internacionales, así como representantes de entidades sociales y económicas. Los cinco problemas clave que estaba previsto abordar en la cumbre eran: agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad.

Tras el acto inaugural, comenzaron las negociaciones a puerta cerrada de los principales grupos de países participantes: los jefes de las delegaciones de la UE; el grupo de países en vías de desarrollo, denominado G 77, y el grupo de Estados Unidos, Japón, Australia, Rusia y Canadá. Las dos tomas de posición, en torno a las cuáles se alinearon los países participantes fueron, por un lado, la exigencia de que en Johannesburgo se alcanzasen compromisos concretos de actuación y, por el otro, la preferencia de que la Cumbre cristalizase en una declaración de buenas intenciones. En el primero grupo se alinearon los países en vías de desarrollo y la UE, y en el segundo, naciones como Estados Unidos, Japón o Australia.

El grupo de los países en desarrollo constituía el más interesado en la definición de acciones concretas, que permitieran contribuir a la reducción de diferencias entre países ricos y pobres. El acceso al agua se reveló como el tema estrella de las primeras sesiones plenarias: unos 1.100 millones de personas en el mundo no tienen aún acceso a agua potable y 2.400 millones carecen de servicios mínimos de saneamiento. Tras los datos, las iniciativas: se presentaron en la Cumbre una serie de medidas para reducir este número a la mitad en 2015. Pero para ponerlas en marcha son necesarios recursos financieros, como objetaron algunas declaraciones, concretamente entre 19.000 millones y 34.000 millones de dólares, según el Ministerio de Medio Ambiente de Sudáfrica.

Las energías renovables fueron también objeto de discusión. El objetivo de la Unión Europea de que en 2010 al menos el 15% del total de energía primaria suministrada en el mundo proceda de fuentes renovables no encontró el apoyo esperado, sobre todo debido a la división interna en el seno del grupo de los países en desarrollo, con necesidades, prioridades e intereses muy diferentes.

La posible relación entre el calentamiento global y las inundaciones catastróficas sufridas en numerosos puntos del planeta fue analizada por un grupo de expertos, que aprovecharon para declarar que sería muy positiva la ratificación y la entrada en vigor cuanto antes del Protocolo de Kyoto sobre reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, que están provocando el calentamiento global.

Conclusiones y expectativas

Los acuerdos a los que se llegó en la Cumbre son una Declaración Política, que fue reducida a la mitad del borrador inicial e incluyó algunas de las enmiendas de la Unión Europea para hacerlo más preciso y contundente, y un Plan de Acción, entre cuyos resultados destacan el compromiso de reducir el número de personas que no tienen acceso al agua potable y el saneamiento de las aguas residuales, la defensa de la biodiversidad y los recursos pesqueros. No se llegó, sin embargo, a compromisos concretos para potenciar las energías renovables.

En concreto, se acordaron 21 nuevas iniciativas sobre agua que suponen al menos 20 millones de dólares de recursos extra sobre iniciativas ya anunciadas previamente. La Unión Europea detalló su Programa Agua para la vida para poner en marcha, junto con otros socios, proyectos relacionados con este problema, prioritariamente en África y Asia. En el campo de la energía se comunicaron a la ONU 32 proyectos de cooperación, que suman al menos 26 millones de dólares; en salud fueron 16 los acuerdos, y 17 en agricultura. En total, se establecieron más de 220 pactos bilaterales y multilaterales, por valor de 235 millones de dólares, destinados a paliar deficiencias en los campos prioritarios.

Las reacciones tras la conclusión de la Cumbre reflejaron una cierta desilusión por la distancia entre los objetivos iniciales y los compromisos conseguidos: las ONG y los países en vías de desarrollo fueron los más críticos. En opinión de la ONG World Wildlife Fund (Adena), "se había fallado rotundamente en el objetivo de asumir la acción necesaria para reducir los patrones de producción y consumo insostenibles".

Por parte europea, sus representantes mostraron una satisfacción moderada por lo conseguido y resaltaron el papel de liderazgo jugado por la Unión Europea. Sin embargo, no se consiguió alcanzar ningún acuerdo concreto de objetivos y calendarios acerca de la gran apuesta europea: las energías renovables. A pesar de ello, los representantes europeos lanzaron una iniciativa para que los países y regiones que lo deseen adquieran compromisos de fechas y objetivos de implantación de este tipo de energías y un sistema de fiscalización del cumplimiento de los objetivos. Además de los Estados miembros de la UE y los países candidatos a la adhesión, la propuesta recibió el apoyo de una veintena de países, entre otros, México, Argentina y Brasil.

La Cumbre de Johannesburgo concluyó con un solemne compromiso, que sólo será verificado por las generaciones futuras: "Desde el continente africano, cuna de la humanidad, solemnemente prometemos a los pueblos del mundo y a las generaciones que heredarán esta tierra, que tenemos la determinación de asegurar que nuestra esperanza colectiva en un desarrollo sostenible sea realizada".