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IGLESIA PARROQUIAL DE SAN SEBASTIÁN
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Uso: Religioso
Propiedad: En posesión de la correspondiente autoridad eclesiástica
Protección: Grado 1º Integral (Normas Complementarias y Subsidiarias del Planeamiento, 1985)
Situada en lo más alto del casco antiguo de Cercedilla, en el núcleo primitivo del pueblo, la iglesia parroquial de Cercedilla está consagrada a la advocación de San Sebastián, copatrono de la Villa -junto a nuestra Señora de la Natividad- cuyas fiestas se celebran el 20 de enero.
El templo se presenta como un edificio exento -con plata de cruz latina con una sola nave- orientado canónicamente, aunque como es habitual, el acceso no se realiza directamente por el eje longitudinal, taponado por la torre-campanario, sino que se efectúa a través de un pórtico situado en la fachada del mediodía. De este modo puede distinguirse claramente la secuencia de los elementos que componen el edificio: la torre, la nave con el pórtico y la capilla bautismal, y el crucero con la sacristía y la capilla del Cristo de la Clemencia.
La torre, con planta cuadrada, constituye sin duda el elemento más antiguo, siendo su parte inferior - de mampostería vista con esquinales de sillería -completamente maciza, lo que parece insinuar un posible uso original defensivo. Este basamento llega aproximadamente hasta el piso del coro alto, de donde arranca una escalera interior de piedra que asciende al nivel del cuerpo de campanas, marcado al exterior por cornisa decorada con bolas. Construido con muros de sillería, éste último presenta cuatro grandes huecos con arcos de medio punto adovelados: dos en la fachada al mediodía, y uno solo en las de oriente y occidente. Por el contrario, el alzado septentrional es totalmente ciego, exceptuado un pequeño hueco de iluminación, con jambas y dintel monolíticos, que al presente está cerrado con ladrillos. Sobre este campanario aparece un añadido antiguo de ladrillo enfoscado coronado por una cornisa granítica semejante en todo a la anteriormente citada, rematándose todo el conjunto con un pequeño chapitel a cuatro aguas revestido con baldosín catalán, que sostiene una imagen moderna del Sagrado Corazón.
El cuerpo de la nave consiste en un espacio rectangular de unos diez metros de anchura por casi veinte de longitud, delimitado a los pies por un antiquísimo muro de mampostería vista con una pequeña puerta de entrada -rematada con un arco adovelado de medio punto y cerrada por una reja de forma del siglo XVIII -desplazada a un lado de la torre. El muro norte -enfoscado- está dividido en cuatro tramos por medio de contrafuertes de sillería, teniendo que destacarse la presencia de una cornisa volada de remate sostenida por siete canecillos, en el tramo más occidental, junto a los pies. Por su parte, la fachada meridional presentaba en origen una disposición similar, exceptuadas la puerta de entrada abierta en uno de sus tramos y el baptisterio adosado al extremo occidental, pero posteriormente se le agregó, en continuidad con éste último, un pórtico cubierto formado por tres arcos levemente rebajados, apoyados sobre columnas toscanas con fuste monolítico que se convierten en semicolumnas al llegar a los extremos. Sobre esta arquería corre una cornisa granítica en pecho de paloma que sostiene el tejado realizado en prolongación del a cubierta a dos aguas, de madera revestida de teja cerámica, que cubre la nave.
El interior, al que se accede por una puesta en arco de medio punto precedida de una escalinata, está dividido en cuatro tamos iguales por medio de tres arcos fajones semicirculares -sin contar el que da paso al crucero- que apoyan sobre pilastras laterales, decoradas con molduras, dispuestas en correspondencia con los contrafuertes del exterior. Los arcos diafragmáticos y las pilastras están ejecutados en sillería y los muros y enjutas son de mampostería vista -que antaño estaría enlucida-, mientras que la cubierta en forma de artesa está formada por una sucesión de parecillos y correas de madera revestidos con tablazón. En el primer tramo a los pies de la nace se encuentra el coro elevado, con un forjado de tablas y viguetas de madera apoyado sobre una gran viga del mismo material que apoya a su vez sobre dos semicolumnas ochavadas góticas adosadas a las correspondientes pilastras extremas. Bajo este coro, en el muro meridional, se abre una puerta arqueada y moldurada -también gótica- que da paso a la capilla bautismal, donde pueden verse una pila monolítica tallada en gajos irregulares, datable en los siglos XIII o XIV, y una alacena empotrada en el espesor del muro que conserva las portezuelas originales de aquella época.
La cabecera barroca, separada de la nave mediante un arco total, presenta una planta en T formada por los brazos del crucero y la capilla mayor, a los que se adosan la sacristía a oriente y la capilla del Cristo de la Clemencia al sur. Externamente se presenta como un volumen prismático de mampostería vista, con esquinales de sillería, rematado por una cornisa de piedra tallada en pecho de paloma sobre la que se destaca el cimborrio cuadrado que acoge la cúpula central, construido con paramentos encalados y cubierta a cuatro aguas revestida de teja árabe. Capilla y sacristía presentan características semejantes, aunque con una altura mucho menos. Interiormente, las esquinas bajo la cúpula presentan parejas de pilastras toscanas dispuestas en ángulo, sobre las que corre un entablamento continuo en el que descansan las bóvedas de cañón que cubren el crucero y la capilla mayor, mientras que el ámbito central se cierra con una bóveda semiesférica -sin linterna ni tambor- apoyada directamente sobre las pechinas angulares. Esta cúpula se decora mediante molduras formando ocho gajos, mientras que las pechinas presentan cuatro "tondos" con imágenes pintadas de los Evangelistas. En continuidad con el presbiterio, y al mismo tiempo que éste, se edificó la sacristía, donde destaca la presencia de un soberbio lavamanos granítico empotrado en el muro, que costó en su día 130 reales. Posteriormente todavía se edificó una capilla adosada al brazo sur del crucero, que no presenta mayor interés.
Un elemento común a todo el templo digno de ser destacado es el magnífico solado de piedra, que cubre nave y trasepto formando una retícula de losas graníticas apoyadas de tres en tres sobre nervaduras del mismo material en correspondencia con las fosas de los enterramientos, que se realizaron aquí hasta 1834, constituyendo una de las principales fuentes de ingresos de la parroquia, ya que su costo estaba perfectamente regulado en función de la distancia al Altar Mayor. Otros ingresos procedían de las capellanías, misas y "censos" o rentas de fincas dejadas en herencia por particulares, a los que hay que añadir las limosnas de cepos y bautizos. Como anécdota, puede citarse que durante las misas de difuntos los parientes del finado encendían velas sobre su tumba, colocándolas directamente en el pavimento.
Aunque no se sabe con certeza cuando se comenzó a construir la iglesia parroquial de Cercedilla, Miguel y Eced considera que los restos más antiguos conservados - que se corresponden con el basamento de la torre y los muros exteriores del primer tramo de la nave y de la capilla bautismal- pueden remontarse a los siglos XII o XIII, fecha que Cantó Téllez retrasa hasta el siglo siguiente, mencionando, al igual que Ortega Rubio, una supuesta influencia bizantina. Por su parte, la nave y el cuerpo superior de la torre no se debieron realizar hasta finales del siglo XV o principios del XVI, como se deduce de las decoraciones de bolas aplicadas en las cornisas del campanario y en los capiteles de las semicolumnas que soportan el coro, un elemento ornamental que alcanzó su máximo desarrollo durante el reinado de los Reyes Católicos. Nada sabemos de qué aspecto ofrecía entonces la cabecera -que probablemente consistía en un testero plano o poligonal, pero lo que sí sabemos es que en 1612 les fue encargado a Juan Ruiz de Castañeda, escultor toledano discípulo de Becerra, y al pintor Francisco Granello, nieto de "El Bergamasco", un nuevo retablo mayor para la misma, que fue terminado en la Ciudad imperial hacia 1619 siendo instalado en el templo por el dorador y ensamblador toledano Miguel González dos años después. Realizado en estilo herreriano, presentaba una predela decorada con pinturas sobre la que se apoyaban tres calles separadas por columnas corintias. Cuatro lienzos -representando la Anunciación, la Visitación, la Presentación en el Templo, y la Adoración de los Reyes -ocupaban las laterales, mientras que la central presentaba una hornacina avenerada en arco de medio punto con decoraciones vegetales en las enjutas. Sobre estas calles corría un entablamento recto, con leves resaltes en correspondencia con las columnas, que sostenía un ático decorado con una pintura de la Asunción de la Virgen y rematado con un frontón triangular.
Por estas fechas, se construiría también, según Miguel y Eced, el pórtico al mediodía que protege la entrada, y que presenta concomitancias con otras obras similares de los siglos XVI y XVII.
Ya a finales del último siglo citado, en 1693, le fue encargado al ensamblador y arquitecto madrileño Joseph de la Torre otro retablo para un altar lateral dedicado a Nuestra Señora del Rosario, patrona de la villa hasta 1940. El mismo arquitecto construyó dos años después la escalera de acceso al púlpito, que había sido realizado en 1694 - con una barandilla formada por balaustres anillados- por el maestro cerrajero madrileño Francisco Fernández.
También en este momento debió iniciarse la construcción de la nueva cabecera y sacristía, pues en 1702 se ajustaba con el cantero Juan Bacas el coste de la piedra para la cornisa de remate de la misma. Ejecutada según trazas del maestro madrileño Miguel López, que vino a Cercedilla para el replanteo, el cierre del crucero se resolvía con una bóveda muy rebajada en forma de platillo, que fue sustituida por la actual de media naranja a petición de los vecinos, lo que explica el extraño cimborrio sobre la techumbre del transepto. Esta nueva cúpula -construida con un doble tablero de ladrillo de mesa macizo fabricado en la propia cilla- fue diseñada por los maestros madrileños Agustín Díaz y José Prieto, que habían tomado la dirección de las obras al fallecer el primer arquitecto. Las obras se llevaron a cabo con gran celeridad gracias a las aportaciones económicas extraordinarias del Duque del Infantado y del Cardenal Portocarrero, quedando concluidas en 1704; y quizá esta misma celeridad explica la rápida degradación de la cubierta, constando que en 1708, sólo cuatro años después de acabada la ampliación, el visitador eclesiástico exigió que se retejase la capilla con teja de buena calidad en sustitución de la original, fabricada en la propia Cercedilla, teniendo además que cambiarse la armadura de soporte, por estar podrida la madera, en 1716.
Como es natural, la terminación del nuevo crucero exigió que se levantase un retablo mayor -en consonancia con las dimensiones del mismo-que sustituyese al anteriormente descrito, desplazxado por aquel entonces a un muro lateral. La nueva obra se acordó en 1714, encargándose las trazas a un maestro ensamblador de Segovia, José Revengado, a quien se suministraron la madera serrada y otros materiales; pero aunque el retablo fue ejecutado en los dos años siguientes, en 1717 estaba todavía sin dorar, permaneciendo en este estado hasta 1751, cuando se pudo culminar el trabajo aplicando "cinco mil y setecientas y cincuenta reales" donados por la Cofradía de Santa Catalina en 1726, más los beneficios que producía el robledal de la Mata del Cristo, en la Dehesa de la Golondrina, perteneciente a los bienes de propios de la villa.
Consiste este retablo en una enorme máquina churrigueresca formada por predela, cuerpo principal y ático de remate, y dividida en tres calles por columnas salomónicas apoyada sobre ménsulas y profusamente decoradas con pámpanos y querubes . Las calles laterales recogen en el basamento dos puestas de paso a la sacristía, presentando en el cuerpo principal sendas ménsulas voladas para sostener estatuas de bulto redondo; mientras que la calle central acoge en la predela el templete del sagrario, sobre el que levanta una enorme hornacina resaltada cubierta por un arco semicircular apoyado en estípites laterales, que se decora con una cortinilla sostenida por angelotes. En concordancia con esta hornacina y sobre el entablamento -decorado con ménsulas fuertemente volado-, se levanta un ático semicircular adaptado a la curvatura de la bóveda, que se centra en una pintura de la Asunción flanqueada por dos angelotes de escultura y que se remata con un enorme escudo con florón datado en 1725. Como curiosidad hay que mencionar que el templete del sagrario originalmente estaba instalado en el espesor del muro, perforado con este fin por el maestro albañil Domingo Fernández, que construyó en 1715 un vano, rematado por un arco rebajado de descarga- que se abría directamente a la sacristía, donde todavía puede verse transformado en una hornacina. Concebido siguiendo la moda barroca de los transparentes, el hueco en torno al sagrario quedaba diáfano, aunque para mayor seguridad se cerraba con una reja de forja hoy desaparecida.
La última obra de importancia realizada en el siglo XVIII fue la construcción en 1736 de la capilla del Santísimo Cristo de la Clemencia, que hasta entonces -como nos consta por una partida de defunción de 1732 recogida en los libros parroquiales- era venerado en un altar adosado al brazo meridional del crucero. En continuidad con éste fue levantada la nueva capilla, costeada a expensas de la villa con el producto del carboneo del citado monte de la Mata del Cristo.
A estas realizaciones hay que sumar otras muchas mejoras menores, como la reparación del órgano, efectuada en 1703 por el maestro organero Fausto González con la colaboración de su ayudante Andrés Gabarria; la decoración de las pechinas con cuatro medallones de los Evangelistas pintados por el segoviano Luis Vidal en 1740, que realizó además un San Sebastián para el techo de la sacristía; o la instalación de unas verjas de forja para cerrar el pórtico ante la entrada, fabricadas por un maestro cerrajero -de Collado Mediano- que grabó en la propia reja una inscripción que dice: "Año de 1741. Esta obra la hizo Juan Rubio de la Mata por mandato del Señor Licenciado Juan Grande. Cura propio".
Por esta fechas, en 1746, la iglesia de Cercedilla fue punto obligado de parada para el cadáver de Felipe V, que era trasladado por la calzada de la Fuenfría a su destino definitivo en la Colegiata de La Granja de San Ildefonso, y que fue velado aquí la noche del 19 de julio del citado año, siendo depositados en un túmulo levantado al efecto. Veinte años después hizo el mismo recorrido el cuerpo de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que permaneció en la parroquial de Cercedilla entre el 15 y el 16 de julio de 1766.
A partir de entonces, las únicas obras realizadas corresponden a pequeñas reformas y rehabilitaciones. Así, en 1837, el cura párroco dice que la capilla del Cristo de la Clemencia, construida apenas un siglo antes, estaba completamente arruinada, y pide su restauración a cargo de los bienes de propios. Posteriormente, hacia 1916, la torre perdió el chapitel de remate, que terminaba en una pequeña linterna con cuatro arquillos sobre columnas coronada por una aguja. Techada provisionalmente hacia 1920 con una cubierta a cuatro aguas, dos años después volvía a quedar desmochada, no resolviéndose el problema definitivamente hasta los años cincuenta, cuando fue construida la actual cubierta, siendo párroco D. Enrique vera. Este mismo sacerdote impulsó la restauración y ampliación de la reja del pórtico, como consta en una inscripción -grabada en la misma a continuación de la original del siglo XVIII- que reza textualmente: "Pedro Cuesta Bermejo restauró y alargó estas verjas de hierro , por orden del párroco D. Enrique Vera Iñiguez, Cercedilla, julio de 1954".
Otras reformas efectuadas en ese momento consistieron en la recuperación de la capilla del Cristo de la Clemencia, consagrada en 1954 a los "caídos" durante la Guerra, y la eliminación de algunas construcciones auxiliares adosadas que desfiguraban desde hacía mucho tiempo -puesto que ya fueron recogidas en un croquis de la iglesia levantado en 1892- la fachada norte.
Al año siguiente -en 1955- los Talleres Emilio Tudanca restauraron el retablo mayor, que había resultado dañado en la Guerra Civil de 1936, cuando perdió la mayoría de sus imágenes, como la de San Sebastián de la hornacina central, sustituida por un Cristo crucificado barroco, y las de San Pedro y San Pablo de las peanas laterales, donde se han colocado sendas esculturas modernas de San Antonio y San Luis Gonzaga. Esta restauración fue aprovechada para adelantar el altar, adaptándolo a las nuevas tendencias litúrgicas a costa de destruir parcialmente la composición original.
Peor suerte corrieron los demás retablos, que fueron destruidos durante la guerra en su totalidad. Sin embargo, sus alteres nos son conocidos gracias a diversos listado de finales del pasado siglo. Así, Marín Pérez cita en 1889 los consagrados a la Purísima, San Roque, San José, San Blas, Cristo de la Clemencia, Virgen del Rosario -probablemente el original de 1693 antes mencionado-, y Santa Catalina - que procedería de la ermita homónima ya desaparecida y que "por su mediano estado y escasa superficie" no servía para la celebración-. A esta lista todavía hay que añadir el de Ntra. Sra. de los Dolores, citado en un acta de 1895 en la que se menciona asimismo una estatua de bronce de San Pedro -reproducción del original venerado en Roma- que se exponía en una urna de la iglesia y que actualmente se guarda en el archivo parroquial.
Durante la Guerra Civil se perdieron también la mayoría de los objetos litúrgicos, que debieron formar un tesoro rico y numeroso, pues un antiguo inventario de 1685 citaba por aquel entonces dos cruces normales y cinco de estandartes, dos vinagreras, un portapaz, una copa, cuatro coronas, una custodia con viril, una caja grande para las formas, dos ángeles, una media luna, cinco crismeras, tres cálices, un incensario y cuatro cetros -todo de plata-, más infinidad de casullas, dalmáticas, frontales bordados, capas y palios. De ello hoy no quedan sino escasos restos que se custodian en la sacristía, donde pueden verse diversas pinturas antiguas de San José, Santa Margarita de Alejandría y la Virgen del Rosario, además de dos antiguas cajoneras: una barroca dieciochesca, y la otra de transición del gótico al Renacimiento. Esta misma sacristía también sufrió una importante reforma durante la Guerra, cuando se abrió una puerta directa al exterior en su fachada norte, que sólo recientemente ha sido cegada, transformándose en un armario.
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