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CALZADA Y PUENTES ROMANOS
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CALZADA Y PUENTES ROMANOS
Situación:
Fechas
Años 76-77 d.C. Reforma: h.1728
Puentes del Descalzo y de En medio: restaurados en 1979
Autores
Sin identificar
Restauración: Cervantes Martínez Broca (arquitecto);
Miguel y Eced (aparejador)
Propiedad: Pública
Protección:
Calzada y puentes: BIC (Incoado expediente de declaración Conjunto Histórico-Artístico y Arqueológico. Restauración 2 de julio de 1981, BOE 20-7-1981)
Puente del Molino o del Reajo: BIC (Incoado expediente de declaración Monumento Histórico-Artístico, Restaurado 8 de julio de 1981, BOE 21-7-1981)
Los restos visibles consisten en un camino empedrado muy mal conservado, con una ancho variable -resultado de sucesivas reformas y ampliaciones- entre los 3,5 y los 14 m., y cuya construcción, aunque no presenta las capas superpuestas de las calzadas romanas canónicas ("statumen" de grava seca, "rudus" de hormigón de cal, y "summa crusta" o capa de rodadura formada por losas con la cara superior lisa) está muy cuidadosamente ejecutada, pudiendo parangonarse con la de otras vías de la época estudiadas. Primero se excavaron las tierras hasta encontrar una capa dura de cimentación sobre la que se preparó un lecho de apoyo formado por arcillas y pequeñas piedras recogidas "in situ", en el que se asentaron grandes bloques irregulares de granito y "gneiss" - con un espesor medio de 20 cm- formando tres nervios longitudinales: dos laterales y uno central, que a veces se cruzan con otros transversales, rellenándose las bandas y recuadros resultantes con piezas de menor tamaño, igualmente hincadas.
En concordancia con el antiguo trazado de la calzada se levantan cuatro puentes, llamados del Reajo o del Molino, de la Venta, del Descalzo y de En medio- que salvan en sucesivos puntos el río de la Venta.
Una característica común a todos estos puestos, pero especialmente pronunciada en los del Descalzo, de Enmedio y del Molino, es el esviaje de las bóvedas de soporte, notablemente sesgadas con respecto al río para suavizar los quiebros de la calzada que los cruza oblicuamente.
Durante mucho tiempo los historiadores especularon sobre cuál fue el puerto utilizado por los romanos para atravesar la Sierra: Navacerrada, Guadarrama o la Fuenfría, ya que la descripción del tramo Titulcia-Miacum-Segovia, correspondiente a la vía núm. 24 de Mérida a Zaragoza contenida en el Itinerario Antonino -una recopilación de todas las vías del Imperio realizada en el siglo III bajo el mandato de Diocleciano-, no permitía localizarlo con seguridad. Pero la aparición en 1910 de un miliario romano -conservado en el Museo Arqueológico Nacional- junto al puente de la Venta, despejó todas las dudas al respecto, aunque planteó una serie de nuevas incógnitas, consistiendo la primera en datar la fecha de construcción inicial de la calzada. Blázquez dio una solución satisfactoria al descifrar la inscripción casi ilegible del miliario: VSPNL QILV - CIDII D. AUG. TRIB. -C. .VII...., que interpretó como correspondiente al séptimo consulado del reinado de Vespasiano, lo que permite dar la calzada en los años 76-77 del d. I d.C., opinión generalmente admitida, aunque Fita retrasa las obras hasta tiempos de Trajano.
El último problema consiste en la datación de los restos que vemos actualmente, tema tanto más arduo en cuanto que la calzada ha sido usada ininterrumpidamente desde su construcción en el siglo I hasta la apertura del puerto de Navacerrada a finales del s. XVIII. En este periodo se sucedieron sin cesar las reformas e intervenciones, pues ya desde muy antiguo se adscribieron peones camineros al mantenimiento de la vía, que -como consta expresamente en el Catastro de Ensenada de 1752- corría a cargo de la villa de Cercedilla, encargada de la "composición de caminos para los pasos de las personas reales" y principal interesada en mantener expedito un trayecto que constituía la base de su prosperidad.
Por esta razón, y aunque la mayoría de los autores admiten la autenticidad de los tramos conservados, Fernández-Troyano -basándose en ciertos rasgos de los puentes inusuales en el mundo romana: esviaje, aparejo, anchura, presencia de contrafuertes, etc. - ha cuestionado la antigüedad de los mismos, que considera el producto de la reforma del camino realizada hacia 1728 para facilitar el acceso desde Madrid al palacio de la Granja. A este respecto el mismo autor aduce la existencia de otra senda empedrada más estrecha y deteriorada, que unas veces corre paralela al camino citado y otras desaparece bajo el mismo, y que se correspondería con el original romano.
En 1979 -gracias al tesón de Miguel y Eced, que había alertado sobre el delicado estado de conservación de los puentes de Enmedio y del Descalzo- se decidió la restauración de los mismos según proyecto del arquitecto Cervantes Martínez y el propio Miguel y Eced; efectuándose la obra a cargo del Icona y de la Comisión de Cultura, Deportes y Turismo de la Diputación Provincial. Así, se reconstruyó la bóveda del primero y se reparó -utilizando un apeo previo- la del segundo, que presentaba un enorme socavón de seis metros de diámetro, reponiéndose en ambos casos los antepechos. Por desgracia, las excavaciones arqueológicas realizadas por María Mariné con motivo de estas obras no aportaron datos concluyentes sobre la antigüedad de la vía, aunque permitieron conocer el sistema constructivo empleado, que puede relacionarse con el de otras calzadas romanas conocidas. Nuevos trabajos se han emprendido en 1996, bajo la supervisión de la Dirección General del Patrimonio de la Comunidad de Madrid, y con la colaboración del Instituto Nacional de Empleo -INEM- y la Sociedad de Amigos de los Monumentos Prehistóricos y de la Antigüedad -SEAMPA-, pretendiéndose la recuperación de todos los tramos conocidos de la calzada, desde Galapagar hasta la provincia de Segovia.
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