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Poblado Carpetano
Llano de la horca

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Los restos de esta pequeña civilización hallados ahora permanecieron adormecidos durante 22 siglos bajo el suelo blando del cerro fronterizo madrileño, tapizado luego, hasta hace apenas unas décadas, por cereales. Los vestigios afloran agrupados con una pauta cuya disposición y metro los arqueólogos examinan con atención, ya que su estado de conservación, aceptablemente bueno, así se lo permite: lo hallado consiste en hileras de muros robustos, de una altura máxima de medio metro, dispuestos a modo de zócalos; sobre ellos se alzaban, presumiblemente, paredes de adobe, tierra y paja que no han perdurado; hiladas empedradas de una anchura no superior al metro que los arqueólogos interpretan como indicador de climas no en exceso rigurosos; fragmentos de vasijas de barro enrojecido, expresión muda de la cerámica carpetana, enigmática y ágrafa; bisagras de hierro y leño, puntas de flechas, metálicas y de sílex; restos, por fin, de vasos y jarras del estilo llamado campaniense, el que singularizaba las vajillas de las huestes de Roma en el avance de sus conquistas, testimonio del choque de los carpetanos con el arranque romanizador de la Península, iniciado en 218 antes de nuestra era.

Todo data de las postrimerías de la edad del hierro, entre los siglos IV y II antes de Cristo. Los moradores de la Carpetania prerromana fueron gentes sedentarias afincadas sobre pequeños enclaves como éste, contorneados por cultivos agrícolas y con una trama urbana y viaria que, milagrosamente, ha conservado casi a ras del suelo su misma disposición durante todos estos siglos. Su excavación comenzó en septiembre de 2001, después de que la Comunidad de Madrid adquiriera las 8,5 hectáreas que componen la superficie de la colina. Fue la primera compra de un yacimiento arqueológico por parte del Gobierno regional desde que asumiera estas competencias en 1983. Hubo detecciones previas en los años 1985 y 1990, hasta que comenzó la excavación propiamente dicha, que hoy abarca unos 4.000 metros cuadrados distribuidos en una decena de grandes catas, la más profunda de las cuales ha descendido hasta dos metros de profundidad.
 

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