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PERSONAJES
ILUSTRES DEL CALLEJERO MADRILEÑO LOS "ESPADONES" : NARVÁEZ, ODONNELL. I.- UBICACIÓN GEOGRÁFICA La calle Narváez nace en la encrucijada formada por las calles Alcalá, Goya, y Conde de Peñalver, finalizando en la calle del Doce de Octubre, justo a la altura del solar ocupado por el Hospital del Niño Jesús, perteneciente a la red sanitaria de la Comunidad de Madrid. La calle O´Donnell nace en la encrucijada formada por las calles Alcalá y Velázquez, discurriendo en su inicio paralela al Parque del Retiro, verdadero pulmón verde de la capital, para finalmente desembocar en el Puente de su mismo nombre, que cruza por encima de la Avenida de la Paz (M-30). Se da la curiosa circunstancia de que tanto la calle ODonnell como la calle Narváez se cruzan entre sí, al igual que ocurrió en el transcurrir vital de estos dos importantes personajes, que llegaron a alcanzar las más altas cotas de poder político durante la segunda mitad del siglo XIX, ese siglo tan desconocido para las generaciones actuales, pero sin embargo profusamente reflejado en la nomenclatura de las calles de la capital. II.- RESEÑA HISTÓRICA La figura mas destacada de la década fue Narváez, enemigo de Espartero, hombre duro y complejo, pieza clave en la configuración del sistema moderado. Su obra estuvo caracterizada por un reaccionarismo autoritario contrario a cualquier idea que supusiera modernizar el régimen político. Este régimen tiene como objetivo armonizar el orden con la libertad, como fundamento del progreso económico; basándose para ello en una actuación caracterizada por el pragmatismo. El soporte político sobre el que se apoyará el gobierno moderado será la Constitución de 1845, promulgada el 23 de mayo, por medio de la cual se aumentarán los poderes del ejecutivo, convirtiendo al Senado en una cámara de nombramientos reales; se suprimió la milicia nacional, y los logros democráticos conseguidos durante la regencia de Espartero, en cuanto a las corporaciones municipales, quedaron suprimidos. El sufragio universal queda diluido, y a cambio se impone un sufragio directo y censitario, restringido exclusivamente a los propietarios y a lo que se denominó capacidades, es decir, profesiones o cargos distinguidos. Los problemas con los que se encontrarán los gobiernos moderados durante la década se pueden sintetizar principalmente en la Hacienda Pública y las relaciones con la Iglesia. En cuanto al primero, destacarán las medidas tomadas por el ministro de Hacienda, Alejandro Mon, que establecerá las bases de un sistema tributario que se mantendrán hasta la actualidad. En cuanto al segundo problema, se pretendió llegar a un arreglo por medio del Concordato con la Santa Sede, en 1851. La Santa Sede reconocía la venta de los bienes desamortizados de la Iglesia y prometía no inquietar a sus compradores, aunque no aprobaba el medio de adquirirlos; a cambio, se otorgaban importantes concesiones en el orden político y se fijaba la dotación del clero a cargo del Estado. La subida de Narváez al poder se había producido el 3 de mayo de 1844, coincidiendo con el regreso de María Cristina de París. La Constitución de 1845 y la reforma de la hacienda son los dos hechos mas destacados del Gabinete Narváez; su dimisión el 11 de febrero de 1846 provocó un proceso de inestabilidad política, sucediéndose en un período de escasamente dos meses, 11 de febrero a 16 de abril, una gran movilidad ministerial, durante el Gabinete presidido por el marqués de Miraflores, cuyo hito mas importante será la elaboración de la ley electoral. El 16 de marzo de 1846 entra nuevamente Narváez en el poder, manteniéndose en el mismo escasamente diecinueve días, en el llamado Segundo Gabinete Narváez, debido a su implicación en un conocido escándalo bursátil. Es sustituido por Istúriz, que mantendrá su ministerio con una relativa estabilidad política gracias al autoexilio del propio Narváez y a la solución del problema de las negociaciones matrimoniales de la reina y Francisco de Asís, que contraen matrimonio el 10 de octubre. El 12 de septiembre de 1847 se decreta una amnistía por la que Espartero puede regresar a España, siendo nombrado senador vitalicio; esto, irritó a Narváez, que el 4 de octubre entra en el Consejo de Ministros por la fuerza implantando su dictadura, que durará tres años, con el único paréntesis del Gabinete relámpago de Cleonard. Narváez se enfrentará a una doble crisis; por una parte, la propia crisis económica que vive el país, y junto a esto, la cada vez mayor presión ejercida por los liberales a raíz de los movimientos revolucionarios que sacudieron Europa durante 1848. Se ocupa, entre otras cosas, de prestar su ayuda al papa Pío IX, que había sido expulsado por los revolucionarios, propiciando con ello la firma del Concordato de 1851, aunque no se llevará a cabo hasta el gobierno de Bravo Murillo. Pero, al mismo tiempo, se vive una situación política de euforia, porque finaliza la guerra carlista. El 10 de enero de 1851, Isabel II admitió la dimisión del Espadón de Loja, motivada por las acusaciones de corrupción que formuló Donoso en las Cortes el 30 de diciembre del año anterior. Le sustituyó en la Presidencia, Bravo Murillo, el 14 de enero de 1851. Entre sus medidas destaca la firma del Concordato con la Santa Sede, el 11 de mayo de 1851, que entrará en vigor el 17 de octubre; así mismo, se consolida la Deuda Pública el 13 de septiembre de 1851; también sobresale el Plan General de Ferrocarriles, que fue presentado a las Cortes el 3 de diciembre. El carácter autoritario de Bravo Murillo tuvo su máximo exponente en el proyecto de fortalecer al poder ejecutivo frente al parlamentarismo. Esto se plasmará en el intento de aprobar una nueva Constitución, a lo que se opondrán figuras de claro talante conservador, como Alejandro Mon, González Bravo, y militares del rango de De la Concha y O'Donnell, llegando a contar incluso con la oposición del propio Narváez. Ante el fracaso de su intento de elección del Presidente de las Cortes en la figura de Tejado, Bravo Murillo procedió a la disolución de las mismas, aprovechando la convocatoria a nuevas elecciones para llevar a cabo la publicación en la Gaceta de Madrid del nuevo texto constitucional, el 3 de diciembre de 1852; este hecho será la gota que desborde el vaso, provocando la alianza de moderados y progresistas contra del autoritarismo de Bravo Murillo, que obligó a la reina a dar un paso atrás, forzando la dimisión del Gabinete. El 14 de diciembre de 1852, el conde de Alcoy forma gobierno con el beneplácito de la madre de la reina, que había movido sus hilos desde París; este nuevo gobierno contará con la misma oposición que contó el anterior, forzando su dimisión cuatro meses después. María Cristina sigue ejerciendo sus presiones, logrando que Francisco Lersundi sea llamado a formar gobierno; las acusaciones que sufrió por parte de la oposición sobre posibles corruptelas políticas, en el tema de las concesiones ferroviarias. El último gobierno de la década se constituyó el 19 de septiembre de 1853, situándose a su frente el conde de San Luis, Luis José Sartorius; de nuevo será la cuestión ferroviaria el desencadenante de la crisis de gobierno; el 8 de diciembre el Senado vota en contra de una proposición de ley del gobierno, tildándola de calificativos como inmoral, fruto de favoritismos, y falta de escrúpulos. Sartorius aplicó con toda su fuerza el sistema represivo, secuestrando a la prensa , prohibiendo que se trataran temas referentes a los ferrocarriles, a la votación del Senado, a las noticias sobre destituciones, y todas aquellas cuestiones que tuvieron algo que ver aunque fuera remotamente con la administración. Esto ocasionará que el 28 de junio de 1854, bajo las órdenes del general O'Donnell se produzca el pronunciamiento de Vicálvaro, que trajo consigo, entre otras cuestiones, la llamada de Espartero de nuevo al poder, formando gobierno en coalición con O'Donnell, formando el conocido gobierno de los dos cónsules. El movimiento de Vicálvaro de 28 de junio de 1854 se inició como el resultado del malestar de los militares conservadores, pero acabó convirtiéndose en un conjunto de reivindicaciones de tipo progresista, que tendrá en la figura de Espartero a su representante. Este proceso revolucionario tendrá tres fases: la crisis parlamentaria, el pronunciamiento militar, y la revuelta popular, que es la que lleva a Espartero al poder. El 7 de julio, O'Donnell firma el llamado Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas del Castillo, en el que encontramos una serie de peticiones de talante progresista, tales como, una reforma de la ley electoral, de la de imprenta, etc. Se suceden una serie de alzamientos, entre los que podemos destacar, el de Barcelona de 14 de julio, y el de Madrid el 17; como resultado de los mismos, Isabel II decide llamar a Espartero a Madrid para que forme gobierno, el 19 de julio, en sustitución de una sucesión de gobiernos que duraron apenas veinticuatro horas, presididos por Fernández de Córdoba y el duque de Rivas. Espartero intentará una maniobra política, pretendiendo alejar a O'Donnell de los círculos de poder de Madrid; para ello, consiguió que fuera nombrado capitán general de la Habana, pero este último rechazó el nombramiento, exigiendo a cambio el control del ejército por medio de la cartera de guerra, la cual obtuvo el 30 de julio, sustituyendo al ministro saliente, Evaristo San Miguel. El conocido ministerio de los dos cónsules se ocupará de llevar a cabo un control sobre la revolución de 1854, tomando medidas, como la que se ocupa de la limitación del poder de las Juntas, convirtiéndolas en simples juntas consultivas. La convocatoria a Cortes presentará una coalición atípica, moderados y progresistas mantendrán una alianza bajo la llamada Unión Liberal, que ocupará el poder hasta junio de 1856, fecha en la que se producirá la escisión entre Espartero y O'Donnell, que acabó con la dimisión del primero, el 14 de julio, y propició una represión dura contra los partidarios de Espartero. El 9 de julio de 1855 se presentó un proyecto de Constitución que intentará adecuarse al programa ideológico de la Unión Liberal. Constaba de 92 artículos, de los que destacará de una manera clara el artículo 1, donde se expone el concepto de soberanía nacional; así como, queda bien reflejado el carácter progresista de la misma en artículos tales como el 14, donde se recoge la tolerancia religiosa, y el 85, donde hay un reconocimiento de la Milicia nacional; junto al articulado, se encuentran siete Leyes Orgánicas, entre las que encontramos la Ley electoral, la Ley de tribunales, o la de imprenta. Esta constitución jamás llegó a promulgarse, ya que antes de que lo fuera, se produjo la crisis de julio de 1856. Sin embargo, la declaración de libertad religiosa movió a todas las fuerzas confesionales contra el gobierno. Junto al proyecto constitucional, uno de los proyectos mas importantes del bienio, fue el conocido como Desamortización de Madoz. La Ley Madoz salió a la luz el 1 de mayo de 1855, persiguiendo objetivos de carácter político, social, económico y financiero; se declaró la venta de todas las propiedades rústicas y urbanas pertenecientes tanto al Estado como al clero, destinando el capital desamortizado a amortizar la Deuda y a financiar las obras públicas. Como conclusión del bienio progresista, podemos decir que entre su obra destaca el intento de una nueva constitución progresista, la de 1856, que quedó en proyecto pues no llegó a promulgarse, y la continuidad de la obra desamortizadora con la ley general de 1855 por Madoz. Tras el fracaso de la coalición progresista del bienio, el auténtico beneficiado de la ruptura será Leopoldo O'Donnell, que formará gobierno el 14 de junio de 1856, dando paso a un gabinete que impondrá un sesgo moderado a la política del país; rápidamente se impondrá el carácter autoritario del general O'Donnell, cuando el 15 de septiembre de 1856, mediante un simple Decreto, restablezca la Constitución de 1845 con ciertas modificaciones, que se llevan a cabo mediante un acta adicional al citado Decreto. La gran mayoría de los historiadores coinciden al señalar que la modificación de una Constitución mediante un Decreto constituye en sí mismo un acto de carácter dictatorial; esto último entra en contradicción con el cierto aire liberalizador que pretendió dar a la gestión gubernamental, modificando una serie de disposiciones, como las de imprenta, orden público, municipios, etc. La Unión Liberal supuso, por lo tanto, una contradicción entre un autoritarismo en el fondo y unas maneras "liberales" en los contenidos gubernamentales. Este gabinete de O'Donnell tuvo una duración efímera, teniendo su causa en una Ley originada durante el bienio: la Ley Madoz de 1855. El ministro de Hacienda, Manuel Cantero, mantuvo la citada ley, a partir del mismo día que se formó el nuevo gobierno, pero la reina Isabel II presionada por gran parte de la jerarquía eclesiástica que pretendía frenar la desamortización eclesiástica, exigió a O'Donnell la anulación de dicha ley, pidiendo la dimisión del ministro; lo cual se consiguió el 20 de septiembre de 1856, siendo sustituido por Pedro Salaverría. Los grupos de presión no se conformaron con esto, logrando la dimisión del gobierno en bloque el 10 de octubre, quedando la conocida anécdota del "baile del rigodón" como un motivo esgrimido por algunos historiadores para la sustitución de O'Donnell. Dos días más tarde se forma nuevo gobierno presidido por el general Ramón María Narváez; este gabinete impuso un moderantismo aún mayor que el anterior, sin ningún tipo de atenuantes. Este gobierno tendrá representación en la figura del ministro de gobernación, Cándido Nocedal, del sector neocatólico ultraconservador, que impondrá, entre sus primeras medidas, una restauración plena de la Constitución de 1845, eliminando el Decreto liberalizador de 15 de septiembre del gobierno de O'Donnell y restableciendo la Ley de Ayuntamientos de 1840. Este gobierno tiene una duración de un año, siendo sustituido por el presidido por Francisco Armero y Peñaranda, el 15 de octubre de 1857, que fue un gobierno auspiciado por la reina Isabel II, para contrarrestar el carácter vehemente de Narváez, pero este gobierno, al no contar con el apoyo de ningún sector, caerá rápidamente, y el 14 de enero de 1858, entra como presidente del consejo de ministros, Francisco Javier Istúriz. El gobierno de Armero había caído al ser elegido como presidente de las Cortes, Bravo Murillo, frente al candidato oficialista, Luis Mayáns; Istúriz intentó negociar con Bravo Murillo, introduciendo ministros de signo ultraconservador, como por ejemplo el ministro de Gobernación, Ventura Díaz; éste será el causante de la caída del gobierno de Istúriz, cuando fue sustituido por Posada Herrera, el 14 de mayo de 1858, siendo llamado de nuevo al poder el general O'Donnell, el 30 de junio. Este nuevo ministerio de O'Donnell será el más duradero de esta época moderada, extendiéndose hasta el 2 de marzo de 1863, por lo que será conocido como el ministerio largo. Este ministerio tenía en su seno a elementos liberales y moderados, en perfecta sintonía; ya que los primeros tenían miedo a los elementos extremistas de ideología demócrata, y los segundos eran contrarios al radicalismo ultraconservador. El ministerio largo se caracterizará, sobre todo, por la campañas militares realizadas en el extranjero: la campaña realizada en apoyo de las tropas francesas en la Cochinchina; la de África, que servirá como válvula de escape para los problemas internos, y que propiciará un auge económico; la de Santo Domingo, y la de Méjico, en ayuda del emperador Maximiliano. Además, también se lograron hechos destacados, como el Convenio con la Santa Sede de 25 de agosto de 1859, negociado por Ríos Rosas como embajador en el Vaticano. En 1860 se produce la ruptura de la Unión Liberal; los enfrentamientos entre Posada Herrera, ministro de la Gobernación y Alonso Martínez provocaron el abandono la salida del ministro del gabinete. O'Donnell fue presionado por parte del gobierno acusándole de estar influido por la camarilla de Isabel II; ante estas presiones, intentó la disolución de las Cortes, no consiguiendo de la reina el Decreto, siendo forzado a dimitir el 27 de febrero de 1863. Sustituye a O'Donnell, el marqués de Miraflores, el 2 de marzo. Con este nuevo gobierno se produjo un retroceso del partido progresista, debido a la Circular de Gobernación de 12 de agosto de 1863 por la que " se limitaba a sólo los electores la asistencia a las reuniones de la campaña electoral ". Hasta la revolución de septiembre de 1868 se sucederán siete gobiernos, de corta duración, destacando, entre ellos, el de Narváez, de 16 de septiembre de 1864, el de O'Donnell de 21 de junio de 1865, y de nuevo Narváez, de 10 de julio de 1866. Con anterioridad se sucedieron los de Lorenzo Arrazola, y de Alejandro Mon. De este período caben destacar dos pronunciamientos: en enero de 1866, en Villarejo de Salvanes, Prim intentó un levantamiento y tras su fracaso tuvo que exilarse; y el de los sargentos de artillería del cuartel San Gil, de 22 de junio de 1866, que fue sofocado, siguiendo una fuerte represión. Aún cuando O'Donnell había resultado victorioso, la reina le había retirado su apoyo, lo que provocó su dimisión el 10 de julio de 1866, siendo sustituido por Narváez, que continua una política de dura represión, que motivará el acercamiento entre progresistas y demócratas, plasmándose por primera vez en los acuerdos de Ostende de 16 de agosto de 1866, que serían ratificados posteriormente, el 30 de junio de 1867 en Bruselas. Esta colaboración entre partidos propiciará las intentonas de levantamiento del general Prim contra la monarquía isabelina, que tendrán éxito cuando se produzca la adhesión de los moderados, con los generales Dulce y Serrano a la cabeza y con el apoyo del general O'Donnell antes de morir el 5 de noviembre. El éxito en el derrocamiento de la monarquía borbónica, no lo podemos ver exclusivamente en el triunfo de los partidos políticos, sino que la propia monarquía había sufrido un desprestigio importante durante la segunda mitad del siglo XIX, motivado por la nefasta influencia de la reina Gobernadora y por la camarilla de la que se rodeó Isabel II, entre los que destacaron el confesor de su marido Francisco de Asís, el padre Fulgencio, y el propio confesor de la reina, el padre Antonio María Claret. Junto a estas figuras, encontramos personajes pintorescos, como Sor Patrocinio, famosa por sus llagas y conocida por milagrera. El último gobierno efectivo de la monarquía isabelina, será el presidido por González Bravo, que pretendió tener un carácter autoritario, sin contar con ningún apoyo político, salvo el del entorno real. III.- BIOGRAFÍAS
Conocido en su época como El Espadón de Loja, fue D. Ramón María Narváez un clásico militar del siglo XIX, caracterizado por su "mano dura", y su política autoritaria dentro del reinado de Isabel II, aunque en ocasiones tuvo algunas pinceladas de tolerancia, pero, ante todo, se caracterizó por sus continuas represiones de cualquier intento contra el Gobierno. No obstante, intentó respetar la normalidad constitucional salvo en situaciones que él consideró de crisis. Se caracterizó por una falta de pensamiento político, de ideología concreta, por lo que será un personaje contradictorio entre sus discursos y la praxis política cotidiana. En 1815 ingresó en el regimiento de Guardias Valonas. Durante la primera guerra carlista se distinguió como uno de los mejores jefes del ejército cristino, destacando en las batallas de Mendigorría y Arlabán, siendo ascendido a brigadier en 1836. Hizo su entrada en la política en el año 1838, siendo elegido por primera vez diputado a Cortes. Se enemistó con Espartero debido a que este último le hacía sombra en su fulgurante carrera en el escalafón militar. Así, Espartero se convertirá en el símbolo de los progresistas y Narváez en el de los políticos moderados. En otoño de 1838, durante el Gobierno del duque de Frías, Narváez y Fernández de Córdoba se sublevan en Sevilla. Sin embargo, el prestigio de los progresistas con Espartero a su cabeza obliga a Narváez a huir de España, refugiándose en Gibraltar y más tarde en Francia. Desde este país, Narváez, conspira contra Espartero a partir de la caída de la regente María Cristina y el posterior golpe de Estado de el duque de la Victoria. Dentro del progresismo surgen disidencias, como la encarnada por Olózaga; Narváez aprovecha estas disidencias para desembarcar en Valencia y presentarse en Torrejón de Ardoz el 23 de julio de 1843, donde derrota en combate a los esparteristas mandados por Seoane. En noviembre de 1843 Narváez es víctima de un atentado en Madrid, en la calle del Desengaño, en el que muere su ayudante. Pero, sin embargo, será Olózaga quien sea nombrado presidente del Consejo de Ministros entre 1843-44. La Reina, en mayo de 1844, encarga, por fin, a Narváez la jefatura del Gabinete, reservándose el general la cartera de Guerra. Narváez gobernará casi dos años: promulga la Constitución moderada de 1845, sofoca la sublevación de Zurbano, condena a Prim a la cárcel por participar en un complot contra él. Durante su gobierno se consiguió mejorar la situación financiera de España, a causa de la reforma tributaria de Mon. Narváez cede paso al marqués de Miraflores (1846), durante un mes, a causa de las bodas de la Reina y de su hermana, al no ver aprobado el pretendiente que el apoyaba para el enlace con Isabel II, que era el mismo que proponía la ex Regente María Cristina y el ex Presidente Martínez de la Rosa, un príncipe italiano, el conde de Trapani; debido a esto se rompe la mayoría parlamentaria. El 16 de marzo de 1846 la reina vuelve a llamar a Narváez, que además preside los ministerios de Estado y Guerra. El 4 de abril de 1846 es sustituido en la presidencia por Isturiz, siendo nombrado embajador en Nápoles, optando por rechazar el nombramiento y marcharse al extranjero. Después del Gabinete Pacheco ("puritanos"), en el que acepta la embajada en París, Narváez vuelve a ser presidente de los Consejos de la Corona desde octubre de 1847 a enero de 1851, salvo la interrupción de unas horas (19-20 octubre de 1849, Ministerio "relámpago" de Cleonard y la camarilla de palacio), llevando a cabo un ligero giro hacia los progresistas debido a que las divergencias con los moderados habían llegado a su máxima plenitud. Esta medida no fue bien acogida entre los moderados, provocando la escisión dentro del partido: de un lado, la intransigencia de Pidal, y de otro, Narváez que deseaba que progresistas y moderados entraran en un turno de gobierno pacífico, adelantándose a la posterior propuesta de alternancia política "canovista". La mayoría de los reformadores económicos coincidieron con el punto de vista de Narváez, entre ellos Mendizábal, Madoz, etc. A raíz de los acontecimientos revolucionarios de 1848 Narváez endureció su actitud, alineándose con los moderados extremistas como Pidal, Viluma y Donoso Cortés. En esta época se produjo el famoso incidente entre el gobierno español y el embajador inglés Bulwer, que intervino claramente a favor del partido liberal e incluso del carlista para provocar la desunión de la monarquía isabelina, lo que provocó su expulsión de España. En 1849, Narváez organiza la expedición a Gaeta para establecer a Pío IX, aprovechando para conceder una amnistía. Ordenó el arresto del rey consorte don Francisco de Asís, para acabar con las intrigas palaciegas como la anteriormente citada del Ministerio "Relámpago". En enero de 1851 solicita licencia para descansar, accediendo la reina a su petición y marchando a estudiar el ejército austriaco obligado por Bravo Murillo. Reaparece en 1856 al final del bienio progresista, gobernando hasta octubre de 1857 en medio de numerosos incidentes en la cámara regia. Después del paréntesis de la Unión Liberal de O'Donnell, vuelve al poder en septiembre de 1864, tratando de tomar ciertas medidas liberales, consciente de la cada vez mayor fuerza progresista. Sin embargo, una serie de hechos provocan graves disturbios estudiantiles que culminan en la Noche de San Daniel (10 de abril de 1865), caracterizada por la violenta represión ordenada por González Bravo. El 10 de julio de 1866 inicia su última etapa ministerial, ostentando además la cartera de Guerra, tras el paréntesis del Gabinete de O'Donnell de 21 de junio de 1865. Narváez muere en Madrid el 23 de abril de 1868, dando paso al clima de conspiración contra el reinado de Isabel II que desemboca en la Revolución de Septiembre de 1868. Como conclusión podemos utilizar las palabras de un coetáneo, Fernández de Córdoba:
Bibliografía
Nace en el seno de una familia de tradición militar, que el continua ingresando en el regimiento de infantería Imperial Alejandro con el grado de subteniente. La muerte de Fernando VII en 1833, trajo consigo el estallido de la guerra civil entre isabelinos y carlistas; O'Donnell, que había alcanzado el grado de capitán, se decidió por el bando liberal enfrentándose a la tradición familiar que luchó en el bando de D. Carlos. Los distintos hechos de armas del conflicto bélico, le hicieron alcanzar en 1836 el mando del Regimiento de infantería de Gerona; durante ese año, y hasta 1839, O'Donnell, continuó cosechando victorias, siendo nombrado en 1839 Capitán General de Aragón, Valencia y Murcia. La victoria sobre el general Cabrera en la ciudad de Lucena, le valió el ascenso a Teniente General y el título de Conde de Lucena. El pronunciamiento de 1840 hace exiliarse a O'Donnell a Francia no regresando a la península hasta 1844, año en que será nombrado Capitán General de la Habana, y posteriormente Director General de infantería. El 28 de junio de 1854 al frente de un batallón de infantería y unido al general Dulce, hace un levantamiento contra el gobierno; este, mandó al general Blaser a enfrentarse con O'Donnell. El encuentro tuvo lugar en Vicálvaro y tras un simulacro de combate, ambos militares se retiraron, produciéndose un compás de espera que se rompió con el Manifiesto de Manzanares del 7 de julio, y redactado por Cánovas, lo que atrajo a su bando gran parte del ejército. Con el triunfo revolucionario, es nombrado Presidente del Consejo de Ministro Espartero, y O'Donnell ocupó la cartera de Guerra. En las nuevas Cortes se formará un nuevo grupo político conocido como la Unión Liberal, y a cuyo frente se colocó a O'Donnell. La diversidad de los componentes de este nuevo grupo político motivó los sucesos que acontecieron en Madrid entre el 16 y 17 de julio de 1856, y que motivaron la caída de Espartero y la sucesión en la formación de gobierno por O'Donnell que duraría en el poder hasta octubre de 1857, año en que sería sustituido por Narváez. Recupera de nuevo el poder el 1 de julio de 1858 y mantendrá la Presidencia del Gobierno, juntamente al ministerio de la Guerra. Este mismo años se publicará el 28 de noviembre, el acta fundacional de la Unión Liberal. Durante este gobierno se declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859, y O'Donnell se coloca al frente de las tropas; la victoria y consiguiente toma de la ciudad de Tetuán, le valieron el titulo de duque de Tetuán. Su gobierno, conocido como quinquenio de la Unión Liberal, se alargó hasta el 27 de febrero de 1863, siendo sustituido por el marqués del Duero. Los acontecimientos de la noche de San Daniel en 1865, llevaron de nuevo a O'Donnell a la presidencia del gobierno y al Ministerio de la Guerra. Durante este nuevo gobierno se suceden los acontecimientos de la sublevación de sargentos de San Gil, el 22 de junio de 1866, lo que provocó el enfrentamiento con Isabel II, debido a considerar esta que la represión no se había llevado a cabo con la necesaria dureza; O'Donnell, deja su puesto a Narváez y se traslada a Biarritz en donde muere el 5 de noviembre del año siguiente, especulándose sobre su posible envenenamiento. Bibliografía
FUENTE: RUIZ CORTÉS, F., y SÁNCHEZ COBOS, F., Diccionario Biográfico de Personajes Históricos del siglo XIX español, Rubiños 1860, S.A., Madrid, 1998. Elaborado por FRANCISCO RUIZ CORTÉS. HistoriadorDirección General de Cooperación con la Administración Local Última actualización: septiembre 2007 |