PERSONAJES ILUSTRES DEL CALLEJERO MADRILEÑO
EL SISTEMA DE "LA RESTAURACIÓN": CÁNOVAS DEL CASTILLO, SAGASTA.

I.- UBICACIÓN GEOGRÁFICA

La Plaza Cánovas del Castillo, en la que se haya situada la famosa fuente de Neptuno, ocupa un emplazamiento privilegiado en Madrid. Se haya situada en el Paseo del Prado, entre el Museo del Prado, una de las mejores pinacotecas del mundo, y el Palacio de Villahermosa (Museo Thyssen). Por lo tanto, podemos afirmar, que en esta plaza se "respira" arte por los cuatro costados. De la Plaza de Cánovas del Castillo parten las calles de Felipe IV y Cervantes, y las plazas de la Lealtad y de las Cortes. En esta última se haya situado el Congreso de los Diputados.

La Calle Sagasta nace en la Glorieta de Bilbao, finalizando en la Plaza de Alonso Martínez.

II.- RESEÑA HISTÓRICA

Cánovas, desde la revolución del 68 vio que la única solución posible para España estaba en la renovación de la monarquía española, que había sido fuertemente desprestigiada por Isabel II. Su oportunidad vendrá de la mano de una restauración monárquica en la figura de Alfonso XII. En 1873, había recibido plenos poderes de Alfonso XII para ser el constructor de un sistema político encaminado hacia la Restauración.

Cánovas, siempre quiso que la vuelta a la monarquía fuera el fruto de un deseo intrínseco del pueblo español, y no el fruto de una imposición militar, y como tal se entiende en el Manifiesto de Sandhurst del 1 de diciembre de 1874. Con este manifiesto, Cánovas, pretendió articular una monarquía hereditaria y constitucional, intentando que el rey fuera deseado por los españoles y no que viniera precedido de un golpe militar, pero el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 18 de diciembre de 1874, dio al traste con estas pretensiones, y obligó a Cánovas a tomar el poder en el primer Ministerio-Regencia, formado el 31 de diciembre de 1874, y confirmado por Alfonso XII, mediante Real Decreto de 9 de enero, tras desembarcar el monarca en Barcelona; del mismo también formaron parte, Castro, Jovellar, Salaverría, Manuel Orovio, Roca de Togores, Cárdenas, Romero Robledo y López de Ayala, este último ocupando la misma cartera, Ultramar, que ocupaba el día antes con la República.

Con su idea de una monarquía querida por el pueblo, e influido por las ideas liberales inglesas, se promulga en 1876 una Constitución con clara tendencia liberal. Durante dos meses y medio, deja Cánovas la presidencia del Gobierno, para ocuparse personalmente de la elaboración del proyecto constitucional, siendo sustituido por Joaquín Jovellar desde el 12 de septiembre hasta el 2 de diciembre; una vez aceptado ese proyecto retomó la presidencia y convocó elecciones generales, que se llevan a cabo el 23 de enero de 1876, y dieron una amplia mayoría a Cánovas y su política; la nueva Constitución se promulga el 30 de junio, publicándose en la Gaceta dos días después.

Esta Constitución tiene una naturaleza "pactada", siendo el resultado de un acuerdo entre la Corona y las Cortes; ademas, permite gobernar a distintos partidos, realizando políticas diferentes. Con respecto a la anterior de 1869 recortaba derechos; no hay libertad religiosa, el sufragio universal desaparecía, y se concedió al gobierno grandes facilidades para la suspensión de los derechos individuales. Las Cortes son de carácter bicameral, divididas en Senado y Congreso de Diputados; los senadores podían ser de derecho propio, vitalicios nombrados por el rey, y elegidos entre categorías sociales concretas, mediante sufragio restringido e indirecto. En resumen esta Constitución llevaba a cabo una clara definición de una monarquía parlamentaria, así mismo en relación con el gobierno, se establece su existencia y la del Presidente del Consejo de Ministros, señalándose que ningún mandato real podía llevarse a cabo sin ser refrendado por un ministro.

El segundo eje del sistema canovista será el conocido bajo el nombre de sistema de turno de partidos, con este procedimiento aseguró una dinámica en la vida política del país e intentaba evitar el desgaste político del poder; este turno se sustenta en un sufragio censitario en el que solamente la clase dominante tenía acceso a la vida política. Comenzó a funcionar en 1881, formando el mismo Cánovas el partido alternativo, mediante una operación artificiosa, en la que participó Sagasta, por la que se intentaba reflejar el principio de estabilidad, dibujando los límites de una España oficial .

Cánovas, con su proyecto político, también se ocupó de inculcar a la nación un espíritu parlamentario y civil, para evitar la influencia de un ejército demasiado politizado. El ejercicio del poder quedaba reservado al uso a través de los partidos. Según palabras del propio Cánovas:

"...Un solo partido no puede asegurar y hacer duradera la Restauración..., mi deber es procurar, en cuanto esté a mi alcance, la formación de grandes partidos políticos, en los cuales pueda apoyarse el trono...".

De estas palabras podríamos sacar conclusiones erróneas ya que Cánovas nunca se interesó por un sistema tripartito, sino por un bipartidismo, aunque como nos dice el profesor Comellas, si pudo interesarse por la formación de cuatro grandes partidos, siempre que se alinearan dos a dos. Finalmente todo el sistema se articuló en un bipartidismo, que si bien suponían la derecha y la izquierda del régimen, ambos debían de coincidir en lo esencial y perseguir con esto cierto continuismo político.

El sistema canovista, por lo tanto, se sostuvo sobre: la teoría política de la soberanía compartida, fundamento del liberalismo doctrinario, el bipartidismo, según el modelo inglés, con dos formaciones que defendieran los intereses burgueses, dejando de lado los problemas de la España real, y el turno pacífico para el desempeño del poder, al margen del cuerpo electoral que fue manipulado convenientemente. Asistimos a una falta de verdadera oposición política, juntamente a un excelente germen para el surgimiento de la oligarquía y caciquismo. Este caciquismo, supuso de hecho negar a los españoles la igualdad ante la ley, contribuyendo a una relación causa-efecto de clara dominación. La estructura real del país se basaba en una gran mayoría de pueblos mal comunicados entre si, y que vivían recogidos sobre si mismos.

Durante la Restauración se consiguió "pacificar" el estado de guerra múltiple, que había contribuido al desequilibrio político anterior; esta guerra múltiple, se componía de la guerra de Cuba, la guerra carlista, y el levantamiento cantonal; siendo el logro mas importante de la restauración canovista, la terminación de la guerra de Cuba y la carlista, ya que el movimiento cantonal se había reprimido con la República presidencialista de 1874.

La victoria sobre el carlismo se logrará a través de tres etapas: a) En la zona centro, Dorregaray es derrotado, obligandole a rebasar el Ebro; b) se logra dominar Cataluña en el verano de 1875, tras la conquista de Olot y Seo de Urgel; c) el 28 de febrero de 1876 don Carlos cruza la frontera francesa. Las causas de la victoria rápida sobre el carlismo, las encontramos en las propias disensiones internas (reconocimiento de Cabrera de la figura de Alfonso XII), pero ante todo, será la disciplina y el mejor abastecimiento de un ejército gubernamental que superaba numéricamente a los carlistas, y que estaba al servicio de un régimen político afianzado. Finalmente el 3 de marzo de 1876 la proclama de Somorrostro marcó el fin de la guerra, que trajo consigo la supresión de los Fueros Vascos, aunque subsistirán determinados privilegios en materia tributaria, los denominados conciertos económicos.

Sagasta: Izquierda Dinástica.

El 23 de mayo de 1880 se funda el partido fusionista, que se convirtió en el partido liberal de Sagasta. El sistema de alternancia política se iniciará cuando Cánovas del Castillo cede el poder a los "fusionistas", a cuyo frente se encontraba Práxedes Mateo Sagasta. Este gobierno toma posesión el 8 de febrero de 1881, cargo que mantiene hasta el 13 de octubre de 1883; entre sus miembros cabe destacar a Aguilar y Correa en la cartera de Estado, Alonso Martínez en Gracia y Justicia, Martínez Campos en Guerra, Juan Francisco Camacho en Hacienda, y Venancio González en Gobernación. Se caracterizará por su consentimiento hacia una serie de derechos que habían sido reprimidos por el partido conservador; estos derechos se pueden resumir en dos principalmente: los de asociación y de reunión. También fue destacable la readmisión de los catedráticos expulsados durante el período canovista, y la restauración de la libertad de imprenta. Entre febrero y marzo de 1881 se levantaron las medidas que suspendían algunas periódicos, y asimismo se llevó a cabo el sobreseimiento de las causas abiertas contra delitos de imprenta. También en la enseñanza, se reconoció la libertad de cátedra por medio del Decreto de Orovio sobre textos y programas. La libertad de imprenta se restablece definitivamente por medio de la Ley de 14 de julio de 1883. En cuanto a la otra gran reforma, la libertad de asociación, quedará pendiente a 1887, cuando se publicó la Ley de Asociaciones de 17 de junio. Este proceso de apertura sufrió un estancamiento en el bienio canovista, pero se mantendrán sustancialmente hasta 1936, con el intermedio de la dictadura de Primo de Rivera.

Las reformas también llegaron a otros campos, tales como la Hacienda Pública, donde Camacho llevó a cabo una reestructuración financiera, destacando el Arancel de 1882; en el campo administrativo, la Ley provincial de 1882, usando como base la de 1870 y rectificando la de 1877, define la provincia como unidad territorial de carácter administrativo. Aun cuando pareciera que este partido era totalmente contrario a la corriente canovista; sin embargo, el sustrato social que lo mantiene e impulsa no se diferenciará en nada del partido conservador; muestra de ello son personajes como el duque de Fernán Nuñez o el duque de Alba, que se encuentran en sus filas.

Cánovas rechazó el moderantismo como base del partido conservador, recurriendo a la Unión Católica de Pidal, y a personas que venían de la antigua Unión Liberal, para formar un grupo político homogéneo, consiguiendo una fusión no siempre fácil, que quedará cristalizada en un bloque político de centro-derecha.

Sagasta, su "alter ego", organizó la izquierda dinástica incorporando a la izquierda burguesa, desde radicales hasta republicanos posibilistas, a su proyecto político, consiguiendo una amalgama de intereses parecidos gracias, en gran medida, al pragmatismo político de Sagasta. Aquí radica, entre otros, uno de los principales papeles ejercidos por él durante la época de alternancia de partidos conocida como la Restauración. Este partido fusionista, como ya dijimos anteriormente, contaba entre sus filas con destacados personajes de la aristocracia, pero también contará con elementos disidentes del partido conservador como Martínez Campos, que abandonó el partido canovista por considerar escaso el compromiso de éste con sus proyectos de reforma militar.

Esta claro que el partido que se le ofreció a Cánovas para la alternancia política, era un partido que no plantearía revueltas sociales y permitiría el juego del cambio de partidos; esta primera etapa liberal será conocida como Trienio, y su significación consistió fundamentalmente en provocar una ampliación del área de consenso con respecto a la Constitución de 1876; a medida que todas las fuerzas socialmente más conservadoras advertían que cualquier alternativa a esta Constitución suponía admitir riesgos tales como la guerra carlista, el levantamiento federalista, el peligro socialista, y, sobre todo, el miedo a un pronunciamiento de carácter republicano que vendría de la mano de la Asociación Republicana Militar, pronunciamiento que se haría efectivo en la intentona de agosto de 1883.

Este primer gobierno de Sagasta no supuso la ruptura con todo lo anterior, sino que mantuvo una línea política de cierto continuismo con el padre de la Restauración; no aceptando una reforma de la Constitución de 1876, y asimismo no cediendo a las presiones políticas de sus propios correligionarios para implantar el sufragio universal. Este gobierno fue sustituido por otro de corta vida, de 13 de octubre de 1883, presidido por el denominado "gobierno de los demócratas" con Posada Herrera y López Domínguez, que el 18 de enero de 1884 da entrada al cuarto gobierno canovista.

Entre enero de 1884 y noviembre de 1885 asistimos a un gobierno presidido por Cánovas, que sirvió como reflejo para mostrar el carácter liberal de los tres años del gobierno de Sagasta; en este bienio está presente una actitud dura y represiva contra el gran enemigo de la Restauración: el republicanismo.

En cuanto a la política exterior, la etapa de Cánovas, de 1875 a 1881, se caracterizó, como dijimos anteriormente, por una fase de "recogimiento" interno, tratando de lograr una estabilidad política y una recuperación interior. Tras la llegada de Sagasta al poder, en 1881, se llevará a cabo una política exterior más activa, reflejada en las cuestiones del Mediterráneo y en Marruecos.

El año 1885 resultó crucial en el desarrollo del proceso de la Restauración. El partido fusionista se convertirá en el partido liberal de Sagasta, por medio de la "Ley de Garantías", de 4 de junio de 1885, mediante la que se acepta la Constitución de 1876, manteniéndose los principios de la de 1869.

La muerte del monarca Alfonso XII, el 25 de noviembre de 1885, planteó un grave problema sucesorio, debido a que la jefatura del estado se encontraría vacía. Del matrimonio de Alfonso XII con su segunda mujer, María Cristina de Habsburgo-Lorena, quedaban dos hijas menores de edad, y la reina viuda se hallaba en su tercer embarazo, del que podría nacer un varón. La solución pactada entre Cánovas y Sagasta fue que el primero dimitió tras la muerte del rey, nombrando a una viuda extranjera, María Cristina de Austria, reina regente durante la minoría de edad de su hijo el rey Alfonso XIII. El nacimiento de Alfonso XIII el 17 de mayo de 1886, hizo que fuera rey desde ese mismo día. La Regencia terminó el 17 de mayo de 1902, con la mayoría de edad del rey.

Durante la regencia de María Cristina, el poder político estará bajo la batuta de Sagasta, que gobernará bajo la orientación liberal, desde el 27 de noviembre de 1885 hasta el 5 de julio de 1890, en que será sustituido nuevamente por Cánovas; o sea, gobernó cinco años seguidos ininterrumpidamente, volviendo al poder el 11 de diciembre de 1892, una vez terminada la Regencia, ya en el reinado de Alfonso XIII. Se ha hablado de un Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta, realizado aun día antes de la muerte del rey, con el fin de asegurar la sucesión tranquilamente y sin altibajos.

En el Gabinete Sagasta se llevó a cabo una importante y abundante obra legislativa de signo liberal, entre la que destaca: celebración de juicio por jurados, sufragio universal, reformas hacendísticas y militares, el Código Civil de 1889, etc. Sagasta remodeló su gobierno en tres ocasiones: octubre de 1886, junio y diciembre de 1888; destacando personajes ministeriales como Alonso Martínez y Canalejas en Gracia y Justicia, Moret en Estado, Jovellar y Cassola en Guerra, Camacho y López Puigcerver en Hacienda, González y Moret en Gobernación, etc.

Como ya hemos dicho, el 5 de julio de 1890, se formó un gobierno presidido por Cánovas, en el que se dan una serie de discrepancias entre éste y Silvela, su discípulo, provocando la posterior disidencia de Silvela.

En esta etapa de fin de siglo se mantuvo el turno pacífico de partidos, personalizado en Sagasta y Cánovas; pero, este largo proceso histórico se va deteriorando al ser partidos muy presidencialistas, que dependían significativamente de la personalidad de sus líderes, provocando la descomposición de ambos partidos en una serie de disidencias personalistas: En el partido liberal, pese al liderazgo de Sagasta, surgen personajes como Gamazo, López Domínguez y Martos, que fragmentan y debilitan al partido, logrando su desorganización. En cuanto a los conservadores, destacan las disidencias de los reformistas de López Domínguez, y la de Silvela, que creó la Unión Conservadora. El asesinato de Cánovas por Angiolillo, el 8 de agosto de 1897, trajo consigo que las diversas facciones se agruparan en torno a Silvela. Los republicanos de Ruiz Zorrilla actuaron por medio de pronunciamientos, como el del general Villacampa en septiembre de 1886, pero fueron fácilmente reprimidos.

Tras el asesinato de Cánovas, pasamos a un gobierno puente presidido interinamente por el general Azcárraga, que había sido ministro de la Guerra en el último gabinete, y conserva el cargo en propiedad a partir del 21 de agosto de 1897, manteniendo a todos los ministros del gobierno anterior. Pero, a pesar de la pérdida de su creador, el sistema de turnos cíclicos sigue funcionando: Gabinete Sagasta de 4 de octubre de 1897, Gabinete Silvela de 4 de marzo de 1899, Gabinete Azcárraga de 23 de octubre de 1900, y Gabinete Sagasta de 6 de marzo de 1901, durante el que se produce la llegada del nuevo reinado, el 17 de mayo de 1902, con la llegada de la mayoría de edad de Alfonso XIII.

Sin embargo, el sistema político canovista tenía graves dificultades para funcionar, no sólo por problemas de luchas políticas, sino también por que el movimiento obrero surge en esta época con gran fuerza, implantándose el anarquismo terrorista, de influencias tanto de Bakunin como de Kropotkin, movimientos de carácter marxista ( el P.S.O.E. se creó en 1879 y la U.G.T. en 1888), y un sindicalismo de tipo cristiano, auspiciado por el Padre Vicent. A todo ello hay que unir la aparición de un estallido regionalista impregnado de unos supuestos políticos federalistas, y los problemas exteriores, concentrados en dos cuestiones: el interés sobre Marruecos, y la guerra de 1898, que terminó con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que significaba el ocaso del imperialismo colonial.

El conocido como Desastre del 98 es una fecha clave en la coyuntura mundial; la crisis de ese año es el resultado del cruce entre un imperialismo naciente y el declive de una antigua potencia, todo ello dentro de la nueva teoría de las relaciones internacionales. La guerra hispano cubana se inició el 24 de febrero de 1895, con el grito de Baire, y terminó con el tratado de París, de 10 de diciembre de 1898. Los Estados Unidos adoptaron una postura claramente intervencionista, presentando un ultimátum a España, que era una declaración de guerra, a raíz del incidente del Maine. Fracasado el intento español de arbitraje de las grandes potencias, se produce la derrota de la "arcaica" marina española frente a los acorazados estadounidenses. El 10 de diciembre se firma el Tratado por el que España renuncia a Cuba, Puerto Rico y todas las islas de América, islas Filipinas y Guam, recibiendo una indemnización de veinte millones de dólares.

Como alternativa al caduco sistema de la Restauración surge el regeneracionismo, que tiene en Costa a su principal promotor e ideólogo. Este movimiento eclosiona durante la crisis del 98, rechazando una "España oficial" que no gusta, para buscar otra "España posible". Hay que vincular el regeneracionismo a la crítica y revisión del sistema político de la restauración, de sus prácticas caciquiles, y de la estructura socioeconómica que lo sustenta. En cuanto a su plasmación política, podemos enlazarla con la creación en 1900 de la Unión Nacional de Costa, Paraíso y Alba; y el gobierno Silvela, de 4 de marzo de 1899, con Polavieja en la cartera de Guerra.

III.- BIOGRAFÍAS

Cánovas

CÁNOVAS DEL CASTILLO, ANTONIO

NACIMIENTO: 8/2/1828 MÁLAGA

DEFUNCIÓN: 8/8/1897 SANTA AGUEDA (GUIPÚZCOA)

POLÍTICO Y ESCRITOR

 

Hijo de don Antonio Cánovas y García, maestro de escuela, y de doña Juana del Castillo, venia de una familia modesta; dirigió desde muy joven sus estudios hacia las letras, destacándose prontamente su faceta literaria, aun oponiéndose con ello a los deseos de su padre, el cual quería que se dedicara a estudios mercantiles.

Se quedó huérfano de padre a la edad de quince años, en 1843, se encamina hacia Madrid, donde será recibido bajo la tutela de Serafín Estébanez Calderón, primo de su madre. Continua sus estudios en la capital de España, junto al trabajo en las oficinas del ferrocarril, licenciándose en Derecho en 1851.

Rápidamente el joven Cánovas comienza a labrarse un prestigio como literato, apareciendo su primera novela, La Campana de Huesca en 1852, siendo continuada por Historia de la decadencia de España desde el advenimiento al trono de Felipe III hasta Carlos II; como bien se puede apreciar se decantó rápidamente por el genero histórico, fruto del mismo serán sus Estudios del reinado de Felipe V. Si bien Cánovas podía haber continuado con su faceta literaria en exclusiva, en la España que le toco vivir difícilmente podía escaparse de la influencia que la política ejercía sobre todos los jóvenes; en una situación de claro enfrentamiento entre moderados y progresistas, Cánovas no se dejo arrastrar por ninguna de las dos tendencias y busco una tercera línea apoyada en la conciliación, aunque con claro signo conservador; esta búsqueda del equilibrio entre ambas tendencias tendrían su fruto posteriormente en la Unión Liberal de O'Donnell.

En buenas relaciones con este participó en las conversaciones previas a la revolución de 1854; su primera actividad pública, la lleva a cabo en su participación el día 30 de junio en la conocida Vicalvarada; así mismo redactó el Manifiesto de Manzanares el 7 de julio de 1854, autentico desencadenante del bienio progresista.

Durante el Bienio, Cánovas es destinado a Roma, como Agente de Preces ante la Santa Sede; con el gobierno de Armero es nombrado Gobernador Civil de Cádiz, y con la nueva escalada al poder de O'Donnell en 1858 se ocupa de la subsecretaria de Gobernación. Aún cuando dedicado ya plenamente a la política, Cánovas no abandonará jamas sus estudios históricos y fruto de ello serán sus Apuntes sobre la historia de Marruecos, así como los estudios sobre Las Relaciones de España y Roma en el siglo XVI, que le supondrá su admisión en la Academia de la Historia.

Los enfrentamientos con O'Donnell, en cuanto a política exterior, llevan a Cánovas a abandonar todos sus cargos públicos, y no será hasta la subida de Mon en diciembre de 1864, que vuelva a la arena del poder político, su vuelta no pudo ser más fuerte, desempeñando por primera vez el cargo de Ministro de Gobernación, logrando en esta etapa sonados éxitos como la ley de incompatibilidades parlamentarias o la ley de imprenta. Con la vuelta al poder de O'Donnell el 21 de junio de 1865, se le nombró Ministro de Ultramar, cargo que tuvo que compaginar junto a la cartera de Hacienda, tras la dimisión de Alonso Martínez.

Desterrado a Palencia tras los sucesos del 22 de junio de 1866, retoma sus estudios historiográficos y escribe el Bosquejo histórico de la Casa de Austria.

La revolución del 68 abrió los ojos a Cánovas que ve que la única solución posible para España esta en la renovación de la monarquía española, fuertemente desprestigiada por Isabel II, y en una restauración monárquica en la figura de Alfonso XII. En 1873, recibirá plenos poderes de Alfonso XII, para encaminar la corriente política española hacia la Restauración.

Cánovas, siempre quiso que la vuelta a la monarquía fuera el fruto de un deseo intrínseco del pueblo español, y no el fruto de una imposición militar, y como tal se entiende en el Manifiesto de Sandhurst del 1 de diciembre de 1874.

Con este manifiesto, Cánovas, pretendió articular una monarquía hereditaria y constitucional, intentando que el rey fuera deseado por los españoles y no que viniera precedido de un golpe militar, pero el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 18 de diciembre de 1874, dio al traste con estas pretensiones, y obligó a Cánovas a tomar el poder en el primer Ministerio-Regencia, del que también formaron parte, Castro, Jovellar, el marques de Molins, Salaverría, el marqués de Osorio, Cárdenas, Romero Robledo y López de Ayala, este último ocupando la misma cartera, Ultramar, que ocupaba el día antes con la República.

El pronunciamiento de Martínez Campos, será el primero de la historia de España en que un golpe militar lleve al poder a un civil.

Con su idea de una monarquía querida por el pueblo, e influido por las ideas liberales inglesas, se promulga en 1876 una Constitución con clara tendencia liberal. Durante dos meses y medio, deja Cánovas la presidencia del Gobierno, para ocuparse personalmente de la elaboración del proyecto constitucional; una vez aceptado ese proyecto retomó la presidencia y convocó elecciones generales, que se llevan a cabo el 23 de enero de 1876, y dieron una amplia mayoría a Cánovas y su política; la nueva Constitución se publicó en la Gaceta el 2 de julio.

Cánovas, con su proyecto político, también se ocupó de inculcar a la nación un espíritu parlamentario y civil, para evitar la influencia de un ejército demasiado politizado. Cánovas, también será recordado como el instaurador del llamado sistema de turno de partidos; con este método aseguró una dinámica en la vida política del país e intentaba evitar el desgaste político del poder.

Gobernó casi continuamente hasta 1881, con las únicas interrupciones del gobierno de Jovellar en 1875, para llevar a cabo las elecciones, y el gobierno de Martínez Campos en 1879.

En 1879, Cánovas, vio como el partido constitucional de Sagasta, iba cogiendo cada vez mayor fuerza política, y le dio el paso a la alternancia del gobierno el 10 de febrero de 1881, hasta el 13 de octubre de 1883, en que un gobierno de la denominada Izquierda Dinástica sube al poder; el 18 de enero de 1884, Cánovas recupera el poder hasta la muerte de Alfonso XII el 25 de noviembre de 1885.

Cuando se inicia la Regencia de María Cristina, llegó al acuerdo con Sagasta de un mutuo apoyo político en el Pacto de El Pardo, llevado a cabo el día anterior a la muerte del monarca, y que realmente se realizó en la Presidencia del Gobierno en la calle Alcalá, dejando el poder en manos de Sagasta; recuperado el poder el 8 de julio de 1890 a diciembre de 1891, en diciembre del año siguiente se produce su dimisión como jefe de la mayoría conservadora y la escisión entre los partidarios de Cánovas y los de Silvela. De nuevo en el poder el 23 de marzo de 1895, la situación exterior es insostenible para España, pero la interior también es muy difícil, los ajusticiamientos de los ocho anarquistas de Montjuich, se pueden considerar como los desencadenantes de los acontecimientos que acabarían con su vida en el atentado que sufrió el 8 de agosto de 1897 durante su estancia en el balneario de Santa Agueda.

Bibliografía

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  • COMELLAS, JOSÉ LUIS Cánovas, Barcelona, 1965.
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    -El sistema político de Cánovas, Madrid, 1961.

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  • NIDO SEGALERVA, JUAN DEL Historia política y parlamentaria de Don Antonio Cánovas del Castillo, Madrid, 1914.
  • PÉREZ GALDÓS, BENITO Cánovas, Madrid, 1914. (Episodios Nacionales).
  • PONS Y UMBERT, ADOLFO Cánovas del Castillo, Madrid, 1901.
  • SALOM COSTA, JULIO España en el sistema de Bismarck. La política exterior de Cánovas. 1875-1881, Madrid, 1967.
  • VALERA ORTEGA, JOSÉ Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración (1875-1900), Madrid.

     


Sagasta

SAGASTA, PRÁXEDES MATEO

NACIMIENTO: 21/7/1825 TORRECILLA DE CAMEROS (LOGROÑO)

DEFUNCIÓN : 5/1/1903 MADRID

POLÍTICO

 

Nacido en el seno de una familia de clase media, estudió la carrera de Ingeniero de Caminos aunque nunca llegó a ejercer esta profesión y enfocó su carrera hacia el periodismo y la política.

La vida política de Sagasta comienza en Madrid, en la que se niega a firmar un manifiesto de adhesión a Isabel II, en 1848, enfrentándose a los profesores y alumnos de la escuela de Ingenieros de Caminos.

El año 1854 nuestro personaje reside en la ciudad de Zamora; allí firmemente convencido de la razón de la Revolución, es nombrado Presidente de la Junta Revolucionaria Local; ese mismo año es elegido diputado a Cortes.

Colaborador primero, y director después del diario La Iberia, dirigirá desde sus páginas los artículos escritos contra O'Donnell a favor de una política de distanciamiento del partido progresista.

Finalizado el bienio progresista en 1856, Sagasta pierde su escaño y comienza una intensa vida revolucionaria. Será en este momento cuando ingrese en la Masonería, llegando al grado 33, bajo el seudónimo de Herman Paz.

En el año 1858, Sagasta, recupera su escaño y comienza a actuar prácticamente como jefe del Partido Progresista. Durante este período parlamentario, la figura de Sagasta destacó por la violencia y la elocuencia de sus discursos.

En 1863 el partido progresista se retira de las elecciones, enfocando su política hacia la revolución. Sagasta participará activamente en el movimiento revolucionario de la insurrección de los sargentos de artillería del cuartel de San Gil de 22 de junio de 1866, luchando, al igual que Castelar, en las barricadas. Tras sofocarse la revuelta, Sagasta es condenado a muerte por lo que se refugiará en París; allí se pone en contacto con los conspiradores revolucionarios acaudillados por el general Prim.

Con la llegada del pronunciamiento revolucionario de septiembre de 1868, Sagasta llega a España y se encargará de ocupar la cartera de Gobernación en el primer gobierno del 8 de octubre del citado año. Sagasta se encarga de este ministerio hasta enero de 1870, año en que ocupará la cartera de Estado, retomando la de Gobernación en diciembre de ese mismo año, hasta el asesinato de Prim el 27 de diciembre de 1870.

Formó parte del primer gobierno de coalición del reinado de Amadeo de Saboya, durante el cual se provocará la ruptura del Partido Progresista en dos fracciones encabezadas por Manuel Ruiz Zorrilla y Práxedes Mateo Sagasta respectivamente; formando el primero el Partido Radical y este último el Partido Liberal Democrático.

El 21 de diciembre de 1871, Sagasta alcanza la presidencia del gobierno por primera vez, ganando las elecciones en abril del año siguiente.

El rey Amadeo I abdica en febrero de 1873, y el día 11 del mismo mes se proclama la I República; durante la misma y hasta el golpe del general Pavía el 3 de enero de 1874, se mantuvo Sagasta alejado de la política; ocupando posteriormente con el primer gobierno de Zavala la cartera de Estado; el 13 de mayo de ese mismo año presidirá el gobierno de la nación y además mantuvo la cartera de Gobernación.

Con la proclamación de Alfonso XII en diciembre de 1874, se establece un pacto de gobernabilidad entre Sagasta y Cánovas por el que se acuerda la futura actuación de los dos partidos. El 23 de mayo de 1880 se funda el partido fusionista, que se convirtió en el partido liberal de Sagasta. El 6 de febrero de 1881 asume la presidencia del gobierno, cargo que mantiene hasta el 13 de octubre de 1883. Este primer gobierno de Sagasta no supuso la ruptura con todo lo anterior, sino que mantuvo una línea política de cierto continuismo con el padre de la Restauración; no aceptando una reforma de la Constitución de 1876, y asimismo no cediendo a las presiones políticas de sus propios correligionarios para implantar el sufragio universal. Este gobierno fue sustituido por otro de corta vida presidido por la denominada "Izquierda Dinástica" con Posada Herrera y López Domínguez, que el 18 de enero de 1884 da entrada al cuarto gobierno canovista.

La muerte de Alfonso XII el 25 de noviembre de 1885 abre el período de la Regencia de María Cristina; Cánovas y Sagasta llevan a cabo un acuerdo conocido como el Pacto del Pardo (aún cuando se celebró en la calle Alcalá en la presidencia del gobierno, el día 24 de noviembre de 1885). Con este acuerdo se pretendió articular la gobernabilidad del país durante la irregular situación creada durante la Regencia.

Durante la Regencia de María Cristina, continuó el turno de alternancia política con Cánovas. El 27 de noviembre de 1885, Sagasta, formará el primer gobierno de la Regencia, el llamado "ministerio largo" que dura hasta 1890; durante este gobierno tendrá que afrontar el pronunciamiento republicano del general Villacampa el 19 de septiembre de 1886, consiguiéndose entre otras cosas la Ley de Sufragio Universal, la Ley de Asociaciones y la implantación del Jurado.

El 3 de junio de 1890 cae el gobierno Sagasta sucediéndole Cánovas del Castillo hasta diciembre de 1891; Sagasta, en este nuevo mandato, tiene que hacer frente a la guerra con Marruecos, así como a una nueva insurrección cubana; el 23 de marzo de 1895 es sustituido nuevamente por Cánovas, pero su asesinato el 8 de agosto de 1897, le devolvió al poder. Durante el cuarto gobierno de Sagasta, iniciado el 4 de octubre de 1897, España concede la autonomía a Cuba el 29 de noviembre de 1897 mediante una Constitución que les daba plenas facultades de gobierno con la excepción de política internacional y de defensa militar. Ante el temor de que prosperase la autonomía cubana Estados Unidos declara la guerra a España el 25 de abril de 1898, utilizando como coartada la voladura del acorazado Maine en aguas territoriales cubanas, el 15 de febrero. De aquí arrancó un proceso pesimista que desemboca en un movimiento social regeneracionista denominado "Generación del 98", que culpará de todos los males de la nación al sistema "viciado" de turno de partidos, que representaban Cánovas y Sagasta; si bien se podría hacer un análisis negativo del llamado "desastre del 98", también encontramos rasgos positivos como la repatriación de capitales que ayudó al posterior saneamiento de la economía del país.

El gobierno se ve obligado a aceptar el Tratado de París (10 de diciembre de 1898) en unas condiciones penosas para España, ya que se pierden las últimas reliquias imperiales: Cuba, Puerto Rico y Filipinas; la nación entera considera responsable a Sagasta, dimitiendo éste a finales de febrero de 1899; aún cuando volvió al poder en marzo de 1901, solamente duró en el cargo hasta diciembre del año siguiente; un mes después, el 5 de enero de 1903, moría en Madrid a la edad de 77 años.

Bibliografía

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  • CEPEDA, J. La figura de Sagasta en la Restauración, Revista Hispania nº 92, Madrid, 1963.
  • DANVILA, A. De Godoy a Sagasta, Madrid, 1902.
  • GUTIÉRREZ GAMERO Mis primeros ochenta años, Madrid, 1926.
  • MASSA SANGUINETTI, CARLOS Historia política del Sr. D. Práxedes Mateo Sagasta, Madrid, 1876.
  • NIDO, J. DEL Historia política y parlamentaria del Excmo. Sr. D. Práxedes Mateo Sagasta, Madrid, 1915.
  • RIVAS, N. Sagasta, Madrid, 1946.
  • ROMANONES, CONDE DE Sagasta o el Político, Madrid, Espasa-Calpe, 1934.
  • VILLARASA Y GATELL Historia de la Revolución de Septiembre, Barcelona, 1875.

FUENTE:

RUIZ CORTÉS, F., y SÁNCHEZ COBOS, F., Diccionario Biográfico de Personajes Históricos del siglo XIX español, Rubiños 1860, S.A., Madrid, 1998.

Elaborado por FRANCISCO RUIZ CORTÉS. Historiador

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Última actualización: noviembre 2008