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PERSONAJES ILUSTRES DEL CALLEJERO MADRILEÑO
I.- UBICACIÓN GEOGRÁFICA La calle Príncipe de Vergara nace en la calle Alcalá, finalizando en la Plaza del Perú, por lo que podemos afirmar que se trata de una calle con un tamaño apreciable, que hace honor a las características de nuestro personaje, considerado como una de nuestras figuras nacionales. Durante su recorrido surca por varias plazas: en primer lugar la plaza del Marqués de Salamanca, en su cruce con la actual calle Ortega y Gasset (antigua calle Lista), y al finalizar con la plaza de República Dominicana, en su cruce con Alberto Alcocer y Costa Rica, y la plaza del Perú, en su cruce con la Avenida de Alfonso XIII. A partir de la Guerra Civil la calle Príncipe de Vergara cambió su denominación, pasando a ser bulevar y ostentar el nombre del famoso general "africanista" Emilio Mola, aunque en la actualidad ha vuelto a rescatarse su antigua denominación. La calle Príncipe de Vergara surgió como un acto de reconocimiento a la memoria de Baldomero Espartero, insigne militar y político del siglo XIX. Lo anecdótico y curioso es que se utilizó uno de sus muchos títulos nobiliarios en vez de su apellido, a diferencia de otros militares contemporáneos distinguidos como el caso de Narváez, o de ODonnell, que aparecen reflejados en el callejero madrileño con sus respectivos apellidos. II.- RESEÑA HISTÓRICA El 1 de julio de 1839 se disolvieron las Cortes, convocándose unas nuevas elecciones, en las que los progresistas obtendrían la mayoría. Al mismo tiempo, se produjo una reacción debido a la dimisión del ministro de la guerra, que llevó al gobierno a los moderados, tras la disolución de las cortes progresistas por la reina. Espartero se muestra disconforme con el nuevo gabinete, la tensión entre Espartero y María Cristina, iría creciendo hasta desembocar en una incompatibilidad absoluta; Espartero se vuelve cada vez mas progresista, y las medidas de María Cristina eran cada vez mas favorecedoras del bando moderado; por lo tanto, Espartero presentó a la Regente su dimisión, que no sería aceptada. Sin embargo, poco después, la reina se vio obligada a otorgar el gobierno al propio Espartero; este gobierno propuso a la reina la Regencia compartida, pero la reina no aceptó esta formula y presentó su renuncia el 12 de octubre de 1840, exilándose a Francia. La renuncia de María Cristina, para seguir desempeñando el papel de Regente del reino, plantea en la España del momento un grave problema constitucional, que no será impedimento para mantener una continuidad con el régimen de 1837. Los diversos planteamientos en cuanto al establecimiento de una nueva regencia, hicieron triunfar el criterio que defendía el carácter unipersonal de la misma, frente al colegiado, haciendo recaer esta Regencia sobre la figura del general Espartero. Al contrario de lo esperado, esta nueva regencia, caracterizada en principio por su talante liberal, provocará dentro del propio partido progresista una serie continua de enfrentamientos, que llevará a la radicalización de la rama mas izquierdista del progresismo, de donde saldrán las corrientes demócratas y republicanas. Durante toda la regencia del general Espartero, podemos presenciar una política socioeconómica, tendente a buscar el beneficio de la burguesía rural, y así mismo una clara muestra favorable al librecambismo defendido por Inglaterra; evidentemente esta línea de actuación se encontrará con la oposición de la burguesía industrial, que en muchos casos coincidirá con los intereses de la naciente clase obrera, en la defensa del proteccionismo económico. Las distintas corrientes de oposición a la Regencia, van a ser favorecidas por el partido moderado, que apoyará conspiraciones destinadas a derrocar a Espartero, y que tenían su origen en todos los círculos políticos del entorno de París, lugar de residencia de María Cristina. Quizás la mas destacada de las conspiraciones, fue la promovida en 1841 por los círculos moderados, con el apoyo de elementos foralistas vascos, y que se saldará con el fusilamiento del general Diego de León, y la supresión del Estatuto Foral. El año 1842, marcará la ruptura definitiva entre Espartero y el mas amplio sector del progresismo, entrando a formar gobierno, el 17 de junio de 1842, en sustitución de Antonio González, el general Rodil. Este gobierno vino marcado por el fuerte carácter de las reivindicaciones sociales, así como por la profunda represión llevada a cabo, que culminará con el bombardeo de Barcelona, el 3 de diciembre, por orden directa del propio Espartero. Esta decisión retirará definitivamente cualquier apoyo que hubiera tenido el regente dentro del campo progresista. Las campañas políticas de 1843, van a venir caracterizadas por un frente común contra Espartero. El gobierno presidido por Joaquín María López, el 9 de mayo, con Serrano como ministro de la Guerra, acaba enfrentado con el regente, por lo que dimite en pleno diez días mas tarde, provocando con ello la disolución del Congreso, el 26 de mayo; esta disolución mostró el deseo por parte de todo el colectivo político del país, de que el regente abandonara el poder; entre los días 11 y 12 de junio se producen varios pronunciamientos de moderados y de progresistas contrarios al regente, comandados por los generales Narváez, O'Donnell, y de la Concha; todos ellos partidarios de María Cristina. Tras un enfrentamiento el 22 de julio, cerca de Torrejón de Ardoz, Espartero se retira hacia Sevilla, embarcando posteriormente, el 30 de julio, en el buque Malabar, desde Cádiz hacia Inglaterra. Su caída, al igual que sucediera con María Cristina, provocó un cierto desconcierto político. El retorno al gobierno, con carácter provisional, de Joaquín María López, el 23 de julio de 1843, intenta coordinar una alianza entre progresistas y moderados; pero, la propia división interna de los partidos, la situación de la Hacienda Pública, la presencia de los militares en las decisiones políticas, y el enfrentamiento en las diferentes burguesías; hizo imposible esta alianza, forzando al gobierno a promover la mayoría de edad de Isabel II que zanjaría la cuestión de otra posible regencia. Durante el gobierno presidido por López, el bando moderado había ido reforzando sus filas en torno a la figura del general Narváez. El 20 de noviembre de 1843, López es sustituido por Salustiano Olózaga, que será destituido a causa de las intrigas del bando moderado; Olózaga, que presidió un gabinete progresista de coalición, no podía gobernar con unas Cortes en las que no tuviera la mayoría, solicitando de la reina un decreto de disolución, por lo que fue acusado por el partido moderado, de haberlo obtenido por medio de presiones ejercidas sobre la reina. Tras su destitución el 5 de diciembre, se hace cargo del gobierno González Bravo, que muestra rápidamente una tendencia conservadora, reponiendo leyes como la Ley municipal de 16 de julio de 1840, que entra en vigor el 30 de diciembre; y estableciendo un cuerpo militar que será muy significativo en la vida española: la Guardia Civil, fundado el 28 de marzo de 1844 por el duque de Ahumada. El 3 de mayo de 1844 accede por primera vez al gobierno el general Narváez iniciándose con él el período conocido como la década moderada. III.- BIOGRAFÍA
Era el menor de los ocho hijos de un modesto maestro de carretería. A los 15 años entró en el cuerpo de estudiantes organizado para oponerse a la invasión francesa, y pasó después al de cadetes, a pesar de que su padre quería que se dedicara a la carrera eclesiástica. En 1811 fue nombrado teniente de ingenieros, pero abandonó ese cuerpo para pasar al arma de infantería. En enero de 1815, teniendo el grado de capitán, partió hacia América en el ejército mandado por Morillo. Estuvo en América hasta 1823, tomando parte en numerosos combates contra los independentistas, ascendiendo hasta el grado de brigadier. El virrey La Serna le envió a España con una misión en julio de 1824, y se hallaba en el viaje de retorno a América cuando se produjo la batalla de Ayacucho. Hay que hacer constar que los militares que llegaban de América no eran bien mirados por los Peninsulares, lo que dio motivo a que una mayoría de ellos se agruparan en una especie de asociación llamada "los ayacuchos", que influyó grandemente en la política del país. Espartero fue el jefe de los ayacuchos, que alcanzarán los más importantes mandos y las más altas graduaciones de la vida militar. En 1825 regresa a España, siendo destinado a Logroño, en donde contrajo matrimonio con Jacinta de Martínez Sicilia, hija de un rico propietario y comerciante de Logroño. Residió sucesivamente en Logroño, Barcelona y en Palma de Mallorca. En 1833, al morir Fernando VII, se declaró partidario de Isabel II solicitando combatir a los rebeldes carlistas. El gobierno le nombró Comandante General de Vizcaya en enero de 1834, iniciando una etapa de luchas en el frente Norteño, distinguiéndose por su arrojo personal pero también por su crueldad. Levantó el primer sitio de Bilbao y tomó parte importante en la batalla de Mendigorria, pero no pudo alcanzar el mando supremo del ejército del Norte hasta el 17 de septiembre de 1836 en sustitución del General Córdoba. En este año reorganizó sus tropas y restableció la disciplina. La preocupación del gobierno era la posesión de Bilbao. El 25 de diciembre consiguió liberar Bilbao mediante su más grandioso éxito militar, la batalla de Luchana, siendo premiado con el título de conde de Luchana. De Bilbao partió a San Sebastián, entrando en Pamplona en donde se concentraba el cuerpo de ejército que debía ponerse a sus órdenes, y desde donde debía marchar hacia Madrid para contrarrestar la expedición del pretendiente carlista, derrotando a los carlistas en Aranzueque y haciéndolos retirarse. En 1837 cayó el Gabinete Bardají, pensándose en Espartero para la presidencia del Consejo y ministerio de la Guerra, pero el general no aceptó y siguió de general en jefe del Norte. En 1838 siguió manteniendo combates en el Norte, pero la falta de recursos mantuvo estacionaria la guerra hasta 1839, cuando Maroto entró con Espartero en negociaciones acerca de la esterilidad e inutilidad de la lucha. El 31 de agosto tenía lugar el convenio de Vergara. Estos éxitos le valieron la grandeza de España y el título de duque de la Victoria. Concluida la guerra en el Norte, pasó a Levante, donde conquistó Morella (30 de abril de 1840), y persiguió a Cabrera hasta obligarlo a cruzar la frontera francesa. Terminada la primera guerra carlista, Espartero, colmado de honores y convertido en un ídolo nacional, dio paso a sus grandes ambiciones políticas. Los sucesos revolucionarios de julio de 1840 en Barcelona le dieron la presidencia del gobierno provisional, primero, y la regencia del reino más tarde. Los progresistas le habían convertido en su jefe, pero sus dotes de gobernante estaban muy por debajo de sus ambiciones. Su actuación como regente fue desacertada y acabó poniendo a todo el mundo en su contra. La insurrección de Barcelona el 15 de noviembre de 1842 fue reprimida con un bombardeo, el 3 de diciembre, tan feroz como innecesario, y el alzamiento militar moderado de octubre de 1841 dio lugar a unas ejecuciones tremendamente impopulares, como la de Diego de León, el héroe de la guerra carlista, a quién se negó obstinadamente a indultar. Quedó poco a poco reducido a una camarilla, y la insurrección de 1843 (acaudillada por su más enconado enemigo Narváez) mostró que apenas le quedaban partidarios: sus tropas, dirigidas por Seoane, se pasaron al enemigo en Torrejón de Ardoz, y él escapó a Cádiz y embarcó en el crucero británico Meteor el 30 de julio de 1843. Permaneció algunos años en el destierro, en Londres, hasta que Narváez le devolvió títulos y honores y le permitió regresar a España. A su retiro de Logroño vinieron a buscarle los vencedores de la revolución de 1854, para llevarlo en triunfo a Madrid. Pero Espartero era un símbolo del pasado y su actuación durante el bienio progresista (1854-1856) se redujo a presidir un gobierno que estaba en realidad dirigido por el general O'Donnell. Tras la revolución de 1868, el 11 de junio de 1870, después de la ratificación de Prim de que jamás reinarían los Borbones en España, un sector de progresistas, encabezado por Madoz, y el propio Prim le pidieron que aceptase la corona, pero la rehusó, alegando motivos de salud y su avanzada edad, pese a los reiteradas presiones recibidas de su esposa. Espartero siguió conservando en su retiro de Logroño un prestigio, ya que allí acudieron a visitarlo Amadeo I y el joven Alfonso XII. Con ocasión de su viaje, el rey Amadeo I aprovechó para nombrarle príncipe de Vergara. La actuación de Espartero como político ha sido juzgada muy diversamente, ya que a su buena voluntad le acompañaron graves errores. Pero como militar, fue una institución que escaló todos los grados, convirtiéndose con el paso del tiempo en una figura nacional. Bibliografía
FUENTE: RUIZ CORTÉS, F., y SÁNCHEZ COBOS, F., Diccionario Biográfico de Personajes Históricos del Siglo XIX Español, Rubiños-1860 S.A., Madrid, 1998. Elaborado por FRANCISCO RUIZ CORTÉS Historiador
Dirección General de Cooperación con
Última actualización: noviembre 2008
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